Mostrando entradas con la etiqueta drama-purga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta drama-purga. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de mayo de 2016

Cari Fantasmi

Queridos Fantasmas,
Al volver la vista atrás parece que ha sido un sueño. Un sueño muy intenso concentrado en cinco días desaforados y un montón de meses lánguidos.
Quiero daros las gracias ahora, con toda la calma del mundo, porque no están las limitaciones de papel que impone el tríptico. Es decir, ha sido una ilusión tremenda el sacar adelante este proyecto, un BOOM mental, y sé que sin esa actitud maravillosa que habéis tenido, no habría sido posible.
Gracias por haberos metido en vuestro personaje, por haberle hecho preguntas, por haber redactado sus preocupaciones más íntimas. Gracias por haberle dedicado tiempo al papel... ¡un tiempo infinito! (Un tiempo, que espero que os haya valido la pena).
Gracias por haber diseñado un cartel que quedará increíblemente bien enmarcado en la pared. Gracias por haber buscado vestidos, y pañuelos, y corbatas, y trajes, y chalecos, y jaulas, y percheros y... Y gracias por haberlo hecho en equipo, con toda la división de tareas que ello conllevaba. Gracias también por haber metido un pedacito de esa intuición músico-teatral en esta obra. Gracias por haber pensado y repensado cómo traernos el Palacio de "Rodríguez Los De Ríos" a la Escuela. Y por haber estado pendientes de las luces y sombras en todo momento.
Y claro, algunos no sólo os habéis encargado de sacar adelante vuestra parte, también me habéis sacado a mí del hoyo, y por ello sólo puedo agradecéroslo una vez más.
En fin, queridos Fantasmas, gracias por haberme dejado hacerle un pequeño homenaje a mi año pasado (porque al señor de Filippo, lo conocí el año pasado), y gracias por hacer que dicho homenaje haya sido mejor de lo que podría haber imaginado jamás.
...a Gabi, Raquel, Jota, Fran, Serra, Sofi, Zozaya, Gibrán, Iñaki, Planchuelo, Irene, Capi, Miguel S., Charlie, Ors y Bea.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Rojo, Azul y Piedra

(Están Rojo y Azul sentados en un banco del parque. Al fondo hay una piedra. Rojo dibuja distraído con un palo en la arena del suelo)

-¿Qué haces?
-Nada.
-¡¿Qué haces?!
-Ya te he dicho que nada.
-No me lo creo.
-No me importa.
-Va, ¿qué haces?
-Cosas...
-Ya veo.
-Y si ves, ¿Para qué preguntas?
-Para que lo veas.
-¿Ver el qué?
-Lo que haces.
-Ah.

(Una pausa)

-Pero eso ya lo veo yo.
-No.
-¿Cómo que no? ¡Para eso ya lo estoy haciendo yo!
-Pero es que tú no quieres verlo.
-¿Por qué?
-Ya lo sabes.
-No, no lo sé.
-Pues ya lo sabrás.
-Vale.

(Otra pausa)

-¿Qué quieres?
-Lo mismo que tú.
-Mentira. Se te acelera el pulso.
-Vale.
-¿Qué quieres?
-Otra situación.
-¿Cuál?
-Ya sabes. Irme a esa esquina. Tropezar un poquito. ¿Tú no?
-No. Ni una pizca. Tropezar está feo.
-Pero es más divertido que estar aquí sentados.
-Pero está feo.
-Vale.
-¿Vas a tropezarte?
-No lo sé.
-¿Seguro?
-Seguro. Esas cosas no se saben.
-Vale.

(Tercera pausa)

-¿Pero quieres?
-Yo sí, pero tú no. ¿no?
-Si.
-¿Y qué hacemos?
-Nada. Estate quieto.
-¿Y si muevo la piedra?
-¡No!
-¿Y si la giro?
-Te olvidarás de que la has girado, te tropezarás, y te caerás.
-¿Y qué?
-Que está feo.
-Bueno.

(Cuarta pausa)

-¿Tú crees que la piedra se puede mover hasta aquí?
-No, sería raro.
-Y si viniera... ¿Me dejas tropezar?
-No. Y no va a venir.
-Pues yo quiero que camine hasta aquí.
-Pero no lo va a hacer. Es una piedra.
-A lo mejor es simpática.
-A lo mejor no.
-Vale.
-¿Por qué quieres tropezarte?
-Porque tú no quieres. Y siempre nos tienen que apetecer cosas distintas a tí y a mi.
-Ya. No me gusta.
-Voy a ir. Sólo a mirarla.
-No.
-¿Por qué?
-Porque no.
-Pues espero que venga.
-Hola.
-¿Ves?
-Vaya.
-Sólo tengo un rato.
-Ya te veíamos.
-¿Venís?
-(A la vez) Sí.
-(A la vez) No.
-Bueno, ¿Entonces?
-No vayas.
-Quiero ir. Es una piedra.
-No.
-¿Vienes?

(Sexta pausa)

-No, me quedo.

Fin

jueves, 18 de abril de 2013

¡Soy una mujer fatal!



-Y todas queríamos que Sergio Hernán nos quisiera. ¡Ay! ¿Por qué tras ese encuentro miraba a través de todas y cada una de nosotras como si fuéramos un escaparate simplón? Pero a mí, por supuesto, las demás no me importaban lo más mínimo: eran burdas coquetas, jovencitas, ingénuas, poca cosa... y lo más importante: ¡no tenían retratos de sus bisabuelas hechos por Goya!

Y Oshidori. ¡Bah! ¡Qué auténtico inútil! Siempre enrevesando las tardes, conspirando contra el amor, interceptando las llamadas... Porque ¡¡estoy segurísima que todas mis llamadas de aquellos cuatro meses fueron interceptadas!! Sergio no llegó a enterarse nunca de nada. Seguro. Como Oshidori era siempre el que tomaba el recado... ¡Porque no me puedo creer que efectivamente se lo diera a Sergio! De ser así, habría devuelto las llamadas sin tardanza. Debería sacudir al mayordomo ese a la remanguillé (y espero no olvidar esto último cuando le vea).

Y sí, Sergio tenía razón: había en mí algo fatal. Dijo que ese "algo" estaba en mis ojos, pero yo sé bien que los hombres caían a mis pies porque yo no lloro. Es verdad, no lloro. No sirve para nada. Soy una mujer de acción: actúo y soluciono el contratiempo. Y si no puedo solucionarlo me resarzo en algún incauto que pase por ahí (generalmente Oshidori). ¿Quién quiere a alguien débil para sí? Pues nadie, por supuesto. Y por eso, en cuanto se percatan de ésta, mi maravillosa cualidad, no desean dejarme marchar. Así fue con Sergio.

Y fue tras llegar a la pradera que me recitó "El lago" de Lamartine y me habló del alma, de las cuestiones trascendentales y de lo sólo que estaba. ¡Qué galán! ¡Qué encuentro el de aquella tarde! Y evidentemente, supe que se abrió de aquella forma porque yo era una mujer fatal. 

¿Las demás, dice? ¡Ya le he dicho que me importan un comino! Sergio dejó de verme, simple y llanamente por la culpa del dichoso Oshidori. Y para intentar soportar mi ausencia se vio empujado a ver a esas pintamonas que no hacían otra cosa que... ¡el canelo! La única que importa en esta historia soy yo, sino ¿Por qué toda esta entrevista?


¿Por la bebida, me pregunta? Ah, no. Eso es todo falso. Rumores de por aquí. Seguro que se lo ha dicho alguno de esos del clan de Pantecosti, ¿verdad? Pero, señor, son falacias, bolas, cuentos chinos,  ¡patrañas! ¿Me entiende? Todo mentiras. ¡¡Mentiras!! Oiga, ¿¿qué está escribiendo ahí?? ¡Le digo que no tengo problemas con la bebida! ¡¡Vuelva aquí!! ¡Me niego a ver publicadas en su periodicucho infamias y mentiras sobre mí! Porque le digo que son mentiras. ¡¡MENTIRAS!!

sábado, 27 de octubre de 2012

Rojo y Azul




Rojo y Azul entran en escena. Se sientan en las sillitas del medio del escenario y esperan un rato, Azul de forma tranquila mirando al frente hieráticamente, Rojo, se entreteniene jugueteando con las manos.

-Mirando el jugueteo de Rojo. A mí también me gusta hacer el tonto, ¿Sabes?
-Sin mirarle. Pero nunca lo haces.
-Sólo cuando me lo puedo permitir. También hay que ser serios de vez en cuando.
-Pues podías echar una cana al aire en los "otros de vez en cuandos".
-Seco. Déjame.
-No.Venga, ríete, tómatelo con calma.
-Me lo tomo con calma, pero seriamente.
-Insistente. Déjate llevar. Escucha esto. Se pone la mano en el pecho, donde estaría el corazón.
-No. No lo oígo. Recuerda que no somos iguales, no hagas como que no lo sabes. Y además, es peligroso.
-Sí, es un riesgo. Pero merece la pena correrlo.
-Interesadamente. ¿En serio?
-Si, te lo estoy diciendo.
-Sacudiendo la cabeza enérgicamente. No. Yo te digo que no. Y no es que tenga miedo, es que sé que no compensa. Necesito garantías. Es lo más responsable.
-Esperanzadamente. ¿Y si te dijera que las hay? ¿Si te dijera que puede ser fabuloso te fiarías?
-Eso sería distinto, sin duda... Pero no lo has dicho.
-¿Tú quieres oírmelo decir?
- p=0,5
-Ya, lo imaginaba.
-¿Y tú quieres decirlo?
-La indecisión la tienes tú.
-Entonces ¿Quieres decirlo?
Pasa un rato en silencio.

-Levantándose de la silla y paseando por el escenario. Además, las cosas a mi manera siempre las hago bien. Lo sabes.
-Ya, pero tú también te quieres meter en este lío. ¡Admítelo!
-No, yo sólo quiero meterme si hay razones para ello, que es distinto. Y no soy imbécil.
-Dolido. No es de imbéciles hacer lo contrario.
-Se acerca a Rojo y le pone una mano en el hombro cariñosamente. Vale, pero yo no soy así. A mí me gusta el control. Y sólo hago bromas inofensivas, cuando son banales. Se retira a la otra punta del escenario.
-Sonriendo con calma y mirando al techo. Y a mí me gustan tus bromas serias...
-Entonces ¿No vas a insistir más?
-No. Cuando tengas tus garantías vendrás. No hay prisa.
-Pero...
-Y tienes razón... en parte. Comienza a hacer mutis por el foro.
-Se gira de forma repentina hacia Rojo al verlo marchar. ¡Espera! Hagamos un pacto. Un trato.
-Para y se queda quieto de pie. Eso es muy tuyo.
-Y por eso funcionará.
-Comienza a andar hacia Azul. Vale, a ver.
-Hasta que no veamos garantías mando yo, y nos guardaremos bien de todo. Pero me comprometo a seguirte en todo y a dejarme llevar una vez que las veamos. ¿De acuerdo?
-¿Hacerme caso en todo todo?
-En todo todo todo.
-¿Y si dejamos de ver las garantías?
-Entonces ya veremos qué hacemos... O mando yo, o sigues tú o hacemos otro pacto.


Rojo le tiene la mano rápidamente. Azul la estrecha asintiendo solemnemente.


TELÓN

lunes, 30 de enero de 2012

UN PILAR DE PARMESANO- Acto III

Vuelve a ser el escenario del Acto I. Todos llevan zapatos de charol nuevamente. A la derecha están Don Pedro, Don Fernando y un tercer caballero. La famosa pareja está al fondo a la izquierda, al lado del gramófono (del que suena música de ambiente). Al fondo y en el centro, hay un mueble bar con un camarero muy elegante. Mr. Jersey aparece en escena por la izquierda, va vestido con una gabardina ocre y una bufanda oscura, deja las prendas en un perchero cerca de los tres caballeros de la derecha.

MR. JERSEY- Buenas, caballeros. Como ven, al final decidí venir.
DON PEDRO, DON FERNANDO Y EL TERCER CABALLERO- Bienvenido, bienvenido.
DON PEDRO- A Mr. Jersey. ¿Complicado el trayecto?
MR. JERSEY- No, sólo hubo una abuelita que no me dejaba pasar en el ascensor. Pero con el ruido de la maquinaria se ha apartado y no he tenido más problemas...
DON FERNANDO- A Don Pedro con mucho interés y sin prestar atención a Mr. Jersey. Y las otras, ¿Cuándo llegan? Dijiste que hablaste con ella, ¿Le contaste que volvía de ultramar?
DON PEDRO- Si, creo que algo mencioné al respecto. No tardarán en llegar, Feo. Descuida. Con satisfacción. Y esta vez está todo mucho más organizado: tengo cosas para enseñar y ¡¡no pienso intentar regalar nada!!

Suena el timbre de la puerta, Don Fernando corre a abrir. Aparecen dos chicas, que no son Doña Clotilde y Doña Flor. Apesadumbrado, Don Fernando les cierra la puerta en las narices.

DON FERNANDO- Pues no eran ellas, y yo no quiero más gente aquí, que esto ya está muy lleno. Mira con aire perdido al su alrededor y repara en el mueblebar y en su camarero. ¿Bebemos?
DON PEDRO- No es mala idea, así vamos creando ambiente. A Mr. Jersey ¿Ud. qué toma, señor...? 
MR. JERSEY- Mr. Jersey. Un gintonic, por favor.
DON PEDRO- ¡Ah! Pues como nuestro amigo aquí Don Alessandro. Aunque dice ser un alternativo.
DON ALESSANDRO (TERCER CABALLERO)- Anda Don Pedro, no se burle de mí, que lo profundo tiene muchas facetas y sabe convivir con lo cotidiano y lo vulgar. Tomaré un gintonic también.
Marcha Don Pedro a por las bebidas. Dejando a los tres caballeros en un silencio incómodo. 

MR. JERSEY- ¿Y ustedes vienen mucho a estas fiestas?
DON FERNANDO- Soy un habitual,aunque hacía tiempo que no podía asistir por mis viajes de ultramar. Don Alessandro no es tan forofo, sólo desde que volvió de Italia de visitar a su "nonna".
DON ALESSANDRO- ¿Y ud. cómo es que está aquí?
MR. JERSEY- Ya ven, cosas del momento. Estaba con mi prometida cuando apareció Don Pedro y me invitó.

Vuelve Don Pedro acompañado del camarero que lleva las copas. Cada uno coge una para inmediatamente asentir, sonreír e intercambiárselas. Justo en ese instante vuelven a llamar a la puerta. Don Fernando se apresura de nuevo. Son Doña Flor y Doña Clotilde.

DOÑA FLOR- ¡Don Fernando! Con auténtico asombro ¿Qué hace usted aquí? A Doña Clotilde, que está petrificada mirando a Don Fernando. Mira Cloti, ¡es Feo!
DOÑA CLOTILDE- Vaya, qué sorpresa... Don Fernando la besa en la mano.
DON FERNANDO- ¡Qué placer volver a verla, Cloti!. Como en los viejos tiempos, ¿verdad?
DOÑA CLOTILDE- Confusa. Claro, como en los viejos tiempos.
Se acerca Mr. Jersey a las dos recién llegadas, saluda cortésmente a Doña Flor, y ante el asombro de Don Fernando, besa a Doña Clotilde en los labios.

MR. JERSEY- Hola darling, ¿Todo bien?
DOÑA CLOTILDE- Recomponiéndose del shock. Si, claro. Ha sido difícil encontrar los zapatos de charol... ¡hacía tiempo que no los usaba!
DOÑA FLOR- A Don Fernando. ¿Está por aquí Don Pedro? Tengo que saludarle, y comprobar que todo esté en orden esta vez.
DON FERNANDO- Todavía mirando a Doña Clotilde y a Mr. Jersey. Claro, sígame Doña Flor, que la llevo con él.
DOÑA FLOR- Encantada. ¡Ay, qué bien! Pero tutéame anda, Feo.
MR. JERSEY- Cayendo en la cuenta. ¿Feo? ¿Es usted...? Mira a Doña Clotilde, que sonríe forzadamente y calla su discurso artificialmente. Acabo de olvidar lo que iba a decir.

Van Don Fernando y Doña Flor hasta donde están los otros dos caballeros. Quedan Mr. Jersey y Doña Clotilde al lado del mueblebar charlando y tomados de las manos.

DON PEDRO- ¡Doña Flor! Es fantástico verla. Ve que esta vez he preparado todo con primor ¡eh!
DOÑA FLOR- Ríe. No lo dudaba, para nada lo dudaba. Pero quiero inspeccionar el resto de la casa, seguro que se ha olvidado de atar con lazos rojos los espejos...
DON PEDRO- Con aire misterioso. Ahh... ya verá, acompáñeme que se va a llevar una grata sorpresa.
Hacen mutis

DON ALESSANDRO- ¿Y estas quiénes son? Porque parece que aquí todos se conocen de otras veces menos yo...
DON FERNANDO- Le pondré en situación: Don Pedro y Doña Clotilde Señala con la cabeza a Doña Clotilde que sigue hablando con Mr. Jersey son primos lejanos, y Doña Flor -esta señorita que se acaba de ir con Don Pedro- es íntima amiga de Doña Clotilde. Coincidimos hace un tiempo los cuatro en una fiesta, y Don Pedro lleva desde entonces organizando fiestas para ver a Doña Flor, de la que sigue completamente enamorado.
DON ALESSANDRO- ¿Y ud. qué pinta en todo esto?
DON FERNANDO- Yo... Con aire entristecido yo no pinto nada en todo esto. Soy el mejor amigo de Don Pedro... y Doña Clotilde una vez me quiso, o eso creo yo.
DON ALESSANDRO-¡Pero ahora está con el caballero ese! ¿Le duele el asunto este? ¿Cambiamos de tema?
DON FERNANDO- No tanto como me duele lo complicada que es la estructura del diente de león. Estoy trabajando en ello desde hace un tiempo.

Poco a poco, Doña Clotilde se ha ido acercando a los dos caballeros y ha dejado a Mr. Jersey en el mueblebar bebiendo su copa.
DOÑA CLOTILDE- A Don Alessandro. Buenas, creo que no hemos sido presentado.
DON ALESSANDRO- Discúlpeme. Alessandro DiParma, amigo de Don Pedro, llegado desde Roma en un avión esta mañana.
DOÑA CLOTILDE- ¡Oh, qué bien! Me encanta Italia ¿le está gustando la fiesta? Las ha habido mejores, créame. Mirando a Don Fernando.
DON ALESSANDRO- No está nada mal, si señor. Pero en Italia nos gusta añadirle parmesano. Si me disculpan, voy a preguntarle al amable camarero si tiene parmesano. Marcha al fondo.

Se miran Don Fernando y Doña Clotilde, y sonríen apenados.
DOÑA CLOTILDE- ¿Qué pasó, Feo? ¿Por qué no respondiste a los recados que dejé en la centralita?
DON FERNANDO- Verás Cloti, marché a ultramar. Era invierno, hacía frío... Pero te he echado de menos. Mucho. Mirando a Mr. Jersery ¿Cuándo os casais?
DOÑA CLOTILDE- Queda mucho, seis meses. Pero sólo tenemos el pastel.
DON FERNANDO- No te cases, Clo. Es como atarse a un poste y caminar así por la calle. ¡Quédate conmigo! Ya sabes que no te aburrirás.
DOÑA CLOTILDE- Feo, ya te esperé mucho. Doña Flor me echaba la bronca por seguir telefoneándote todos los días. Y me da pena, porque ya sabes que a mí me gustan todas las historias... y la nuestra fue muy bonita. Si al menos hubieras respondido algo...
DON FERNANDO- ¡Pero es que en ultramar no tienen teléfonos! No podía contactar contigo... Piénsalo bien, yo seré tu diversión. Me quieres, y lo sabes; desde el día en que bebimos juntos y te conté mi secreto. Pero ahora prefieres la comodidad del señorito ese...
DOÑA CLOTILDE- No es verdad... bueno, cierto que te eché de menos, y te quise. Pero ya no quiero eso, ya no quiero bohemios, lo sabe bien Doña Flor, pregúntaselo. Tú has sido... has sido "mi Feo". Pero ha llegado el momento de avanzar y de cosechar ruedas dentadas... Lo siento, de verdad.

Mr. Jersey está dado la vuelta mirando al mueblebar y charlando animadamente con Don Alessandro, y Doña Clotilde aprovecha para darle un beso de despedida a Don Fernando. Se miran y sonríen con complicidad.

DON FERNANDO- Llámame cuando te aburras y quieras beber algo distinto.
Vuelve Doña Clotilde con Mr. Jersey y Don Alessandro con Don Fernando.

DON ALESSANDRO- He visto que hablaban mucho. ¿Cómo ha ido? Le veo relajado.
DON FERNANDO- Mirando a Doña Clotilde. Ella me ha olvidado, sé que yo también lo conseguiré... pero no tengo una tarta delante para hacerlo felizmente.
DON ALESSANDRO- Ah... le donne, son tan complicadas. En Italia se rizan las pestañas y no podemos vivir sin ellas. Ya te presentaré algunas.
DON FERNANDO-Ah, pues eso es interesante... Sonríe dejando de mirar a Doña Clotilde. Esta fiesta está un poco apagada, le dejaré una nota a Don Pedro y así podremos irnos a buscar complicaciones a otro lado, ¿Le parece?
DON ALESSANDRO- ¡Por supuesto! Gran idea...
Saca Don Fernando un papel y un bolígrafo de su americana y se dispone a escribir una nota. 

Aparecen Don Pedro y Doña Flor por la derecha riendo sin parar.

DOÑA FLOR- ¡Claro que sí! ¡¡Claro que si!! ¡Cloti, Cloti, te dije que lo haría! Ya somos dos, digo cuatro que nos casamos!
DON FERNANDO-A Don Alessandro. A ver si con esto deja de ser una borde.
Doña Clotilde y Mr.Jersey les dan la enhorabuena con mucho entusiasmo. Las dos chicas se abrazan.
DON PEDRO- ¡Conseguido, Feo, conseguido! En cuatro meses me verás atado a un poste, como dices tú.
Don Fernando le da un fuerte abrazo y al despegarse pone cara de asombro.
DON FERNANDO- ¡Espera un momento! ¡Esto quiere decir más fiesta! ¡Habrá que celebrar tu despedida de soltero! Y será por todo lo alto... El señor Parmesano y yo lo organizaremos. ¡Y todos iremos con zapatos de charol!


miércoles, 30 de noviembre de 2011

"AL NATURAL, QUE NO COMPRENSIBLE" Acto II

En el escenario ahora hay un puesto de helados a la derecha, y una castañera a la izquierda; entre los dos puestos hay una gramola que funciona sola. La pareja del fondo ahora está sentada en un banco tranquilamente charlando. Y Clotilde entra al escenario haciendo mucho ruido al taconear. Ya no llevan zapatos de charol, pero siguen llevando atuendos de los años cincuenta.

DOÑA CLOTILDE.- A la pareja ¡¡Les parecerá bonito!! ¡Siempre en medio! ¡Siempre en medio!

La pareja ni se inmuta y aparece Flor, que sigue a Clotilde y pone cara de hastío.

DOÑA FLOR.-Va, Clo, tampoco es para tanto, déjalos, ¡póbrecillos! que lo están pasando bien. Además hace mucho frío.

Aparece por la izquierda un nuevo personaje, Mr. Jersey. Un canadiense guapo y tranquilo.

MR. JERSEY.- Perdón, no he podido evitar oír su conversación. Y opino lo mismo, cada uno es mayorcito para hacer lo que quiera.
DOÑA CLOTILDE.- Ya, pero es que a mí ahora me pone nerviosa todo... ¡¡TODO!!
DOÑA FLOR.- Deberías calmarte, estabas más tranquila con Feo, ¡Y mira si salió todo mal la cosa al final!
MR. JERSEY.- ¿Feo? ¡¿Qué clase de forma de referirse a alguien es esa?!

Clotilde se pasea por el escenario con aire agobiado. Mira a Mr. Jersey con intriga y sigue paseándose.

DOÑA FLOR.- A Mr. Jersey. Verá señor, es una larga historia, aquí dónde nos ve, mi amiga y yo fuimos a una fiesta en la que todos íbamos con zapatos de charol, ¡Y dónde no tenían bolsas! ¡Fíjese! El caso es que estaba este caballero... Don Fernando, eso. Y ya ve, mi amiga tuvo un gran romance con él: quince minutos.
DOÑA CLOTILDE.- Con aire soñador ¡Todo un bohemio! Tan de principios de siglo... se pone muy seria. Pero no buscamos eso ahora ¿verdad Flor? ¡No queremos eso!
DOÑA FLOR.- Fue una fiesta fantástica, ¡si señor! Pero con gente muy plasta. Intenta hacer memoria. El señor aquel que me perseguía... ¿Te acuerdas, Cloti? yo ya ni recuerdo su nombre ¡oiga! Pero en esta calle se está mucho más tranquilo.
MR. JERSEY.- A Flor con interés pero sin descaro. Pero ¿su amiga sigue con ese señor que ha mencionado?
DOÑA FLOR.- No, no, qué va. El señor me perseguía a mí. Lo mira de arriba a abajo con interés y picardía y sonríe. ¿Es ud. casado, señor...?
MR. JERSEY.- Llámeme Mr. Jersey. Y no, me refería a su amiga. ¿El de los quince minutos volvió a aparecer?
DOÑA FLOR.- Con mal humor repentino. Clo, el caballero quiere hablar contigo.

Clotilde se queda muy quieta en el borde del escenario y espera a que se acerque Mr. Jersey. Flor, por su parte se acerca al carrito de helados y se dispone a comprar uno. Por la izquierda entra Don Pedro, el cual reconoce al momento a Flor y recorre el escenario sigilosamente sin ser visto.

DOÑA CLOTILDE.- Dirá usted.
MR. JERSEY.- Siempre he pensado que estos momentos son muy incómodos. Pero hoy suena música ¿Le parece bien que bailemos?

Bailan juntos, muy despacio. Sonríen con naturalidad.

DOÑA CLOTILDE.- Baila usted muy bien. ¿Dónde aprendió?
MR. JERSEY.- En Canadá. Allí enseñan a los niños a bailar desde que pueden tenerse en pie.
DOÑA CLOTILDE.- Yo tuve un amigo una vez al que le gustaba beber para todo, decía que así se veía más guapo...
MR. JERSEY.- Eso funciona, a mí me gusta beber, pero prefiero ir al natural. Lo pasaríamos bien bebiendo, pero ya es usted demasiado bonita al natural.

Callan los dos y reflexionan en un silencio intenso, pero cómodo. Mientras tanto, Don Pedro ha alcanzado a Doña Flor y le ha tapado los ojos para que adivine quién es.

DON PEDRO.- ¡Lará lará la laaa! ¡Sorpresa!
DOÑA FLOR.- Para sí. ¡Ay no! Me lo temía, estas cosas nunca la dejan a una en paz... A Don Pedro, sonriendo forzadamente. ¡Vaya! Pero si es...
DON PEDRO.- ¡Don Pedro! ¿Cómo está usted Doña Flor? La he echado mucho en falta en mis últimas fiestas.
DOÑA FLOR.- No, si ya me lo imagino. Grandes sus fiestas, muy grandes. Mirando boquiabierta a Doña Clotilde y a Mr. Jersey, que han dejado de bailar y se han sentado en el suelo de la mano y muy juntos. Pero sigue hablando con Don Pedro.¿Y su amigo el feo? ¿Sigue por la capital?
DON PEDRO.- Ah, no... se marcho hace bastante, cosas de ultramar. ¡Pero volverá pronto! Se nota que estamos en la calle, hace fresco y estamos más serios... aunque algunos siguen igual. Ríe señalando con la cabeza a la pareja del fondo que sigue a lo suyo.
DOÑA FLOR.- Bueno, verá. Yo me tengo que ir, que el helado se deshace y se me enfada el gato.
DON PEDRO.- Lo comprendo, lo comprendo. Pero antes de que se marche, tome mi tarjeta. Habrá una fiesta en mi casa el miércoles. Pensé en hacerlo el sábado pero resultaba demasiado "vulgar" como dicen ahora. Así que la espero allí. ¡Y avise a su amiga, si lo desea!
DOÑA FLOR.- Con mucho gusto asistiremos, pero sólo si hay bolsas esta vez... ¡Ah! ¡Y ni se le ocurra intentar regalarme otra silla! ¡Me tengo que ir!

Don Pedro se acerca a darle dos besos pero ella le esquiva con gracia y le da unas palmadas cariñosas en la espalda. Acto seguido se acerca a Clotilde y la levanta bruscamente. Don Pedro queda pululando por el escenario sin prestar mucha atención al resto de la acción.

DOÑA FLOR.- ¡¡Cloti, nos vamos!! ¡Hay que huír ya!
DOÑA CLOTILDE.- ¿Pero qué ocurre ahora Flor? Me estaba contando Mr. Jersey cómo cultivan ruedas dentadas en Canadá... Sonríe a Mr. Jersey con dulzura.
DOÑA FLOR.- Pues ya seguireis en la fiesta de Don Pedro. Toma a Clotilde del brazo y tratando de que no lo oiga Mr. Jersey Creo que me he enamorado Clo, lo creo en serio.
DOÑA CLOTILDE.- ¿Cuándo? ¿Ya? ¿Aquí? ¿Y Don Pedro vuelve a celebrar fiestas? ¿Volveremos a ir juntas? Sin esperar respuesta. Bueno, yo me despido y ahora me cuentas. A Mr. Jersey. Me ha gustado mucho su baile, pero mi amiga necesita que nos vayamos. No sabe cuanto lo lamento.
MR. JERSEY.- Bueno, ahora que llevamos treinta minutos juntos y que conocemos nuestros nombres de pila, la toma de las manos creo que es el momento de que formalicemos nuestra situación. La aprecio mucho al natural, Doña Cloti.
DOÑA CLOTILDE.- A mí también me gusta bailar con usted, Mr. Jersey. Y me ha calmado mucho.

Vacilan un instante, pero al final se alejan sin más. Doña Clotilde siendo arrastrada por Doña Flor.

DOÑA FLOR.- ¡Has olvidado darle la tarjeta! Agitando el papelito de Don Pedro con energía. ¿Cómo te encontrará?
DOÑA CLOTILDE.- Con la calma del Acto I. Es canadiense. Sabe bailar, y sabría llegar a una fiesta con los ojos vendados.

Hacen mutis las dos por el foro. Don Pedro vuelve a cobrar protagonismo y se acerca a Mr. Jersey.

DON PEDRO.- Verá caballero, soy especialista en complicar las cosas, y organizo una fiesta este miércoles. Venga con zapatos de charol a esta dirección. Le tiende una tarjeta idéntica a la que le ha dado a Doña Flor. No se arrepentirá.
MR. JERSEY.- ¡Pero si yo no lo conozco a ud.!
DON PEDRO.- Ya, pero son cosas del destino. Será una gran fiesta, se lo aseguro. Hace mutis por la derecha.

Se marcha la pareja también y queda Mr. Jersey sólo en el escenario. Baila sólo un rato unos pasos simples, se mira los zapatos, sonríe  y hace mutis por donde entró.

jueves, 5 de mayo de 2011

"FEO PROTOCLOTO" Acto I

Todos los personajes bailan distraídos, desperdigándose por el escenario. Atuendos de los años cincuenta, pero con zapatos de charol. Todos con zapatos de charol. Al fondo, hay una pareja que se lanza miradas sugerentes, tres caballeros se desternillan en la esquina izquierda por algún chiste absurdo, y una rubia y una morena esperan a alguien al lado del tocadiscos. El resto bailan distraídos. Se acerca uno de los caballeros a la rubia del tocadiscos.

DON PEDRO-Doña Flor, ¿Qué le parece mi fiesta?-
DOÑA FLOR-Fea señor, muy fea, casi tan fea como su amiguita esa de ahí.- Señalando a la joven del fondo que en este momento está revolviéndole el pelo a su pareja.

DON PEDRO- No me dirá usted que no es divertida...-
DOÑA FLOR- No, para algunos es divertida...- Mira huraña a su alrededor.
DON PEDRO- ¿Otra copichuela? Debemos animar el espíritu... -Le pasa una copa que casualmente llevaba un camarero en una bandeja por allí. -¿Conoces a Fernando? Sin esperar respuesta ¡Te lo presentaré!-

Marcha en busca del segundo caballero de los chistes.

DOÑA FLOR Hablándole a la morena-Te lo dije Cloti, aquí yo no pinto nada. Esta fiesta es de locos... ¡Y ni tan siquiera tienen una bolsa! Dile al pesado ese que me he marchado, invéntate algo porque yo ya no puedo más- Hace mutis por el foro.
DOÑA CLOTILDE- Flor, la cosa es quejarse ¿verdad?
Llega Don Pedro seguido de Don Fernando.
DON PEDRO- ¿A dónde ha ido tu amiga? Yo que quería presentarle al bueno de Fernando...-
DON FERNANDO- ¿Quién? Yo no me llamo Fernando... yo soy "Feornando", Feo para los amigos...- Se inclina ligeramente hacia la derecha
DON PEDRO- Míra, ya está borracho, así mejor, porque sobrio es más feo...-
DOÑA CLOTILDE- ¡Pero si no puede ni subir la pata! Don Fernando, suba la pata. ¡Anda súbala por favor! Si va a ser que Flor tenía razón, y no hay bolsas...-
DON FERNANDO- "Feornando" "Fe-or-ban-do" "Fe-orrr-man-bo". O no subo la pata y se me quedan todos mirando.
DON PEDRO- Pues eso, yo te dejo con Feornando, Clo, y me voy a  buscar a tu amiga...-

Marcha por el mismo lado que se fue Doña Flor, saludando a la pareja del fondo que bailan pegados una canción muy marchosa.

DOÑA CLOTILDE- ¡Pero yo no sé hacer esto! ¡Necesito bolsas! A ver, "Feornando", ¿Cómo se siente usted? ¿Quiere algo?
DON FERNANDO- Ah, no, yo sólo quería que me dejase en paz don Pedro... sabe, lleva contándonos chistes toda la tarde, pero al nonagésimo nono yo ya me cansé... y la ví ahí paradita, con su amiga la borde.-
DOÑA CLOTILDE-¡¡Oiga!!-
DON FERNANDO- ¡Perdone usted si la ofendo, pero es que es muy borde!-
DOÑA CLOTILDE- Bueno, pero me ha acompañado a esta fiesta.-
DON FERNANDO- ¡Bien! ¡Celebro que haya venido doña...
DOÑA CLOTILDE- Clotilde. Cloti.
DON FERNANDO- ...Cloti! ¡Brindemos por ello pues!
DOÑA CLOTILDE- No, "Señor Feornando" que usted ya lleva una buena encima.
DON FERNANDO- ¿Qué son esas formalidades? puede llamarme "Feo". Además, cuanto más uno bebe más guapo está... ¡Mire, mire! Bebe dos copazos de dos tragos.
DOÑA CLOTILDE- ¡Pues es verdad! No sé porqué pero siempre pensé que era al revés... ¡Yo también quiero! Bebe tres copas seguidas. ¿Mejor?
DON FERNANDO- Bueno, es que usted ya era bonita de antes... a esa del fondo sí que le haría falta.-

Aparece Flor taconeando indignada, mirando para atrás como huyendo de alguien.

DOÑA FLOR- Nos vamos, Cloti. Nos vamos de aquí ¡ya!-
DOÑA CLOTILDE- Pero, estoy aquí con Feo y me lo estoy pasando muy bien, Flo... ¿Qué ha pasado?-
DOÑA FLOR- ¿¡Que qué ha pasado!? Pues que el amigo tuyo ese me ha intentado regalar una silla, si señor, ¡una silla! ¡Eso no se hace en una fiesta de buen gusto! Se enseñan mesas, bandejas... ¿pero regalar? Y además ¡¡una silla!! Prosigue su monólogo sin que el resto de personajes la escuche.

DOÑA CLOTILDE- Bueno, Feo, creo que me voy a marchar... que luego se me deshoja (señalando con la cabeza a Doña Flor) y se pone triste.-
DON FERNANDO- ¿Pero estará bien? ¿Se ha ofendido con lo de Don Pedro?
DOÑA CLOTILDE- ¡Qué va! Si Don Pedro le gusta mucho... pero no debió intentar regalarle la silla.
DON FERNANDO- La voy a besar... ¿Le parece bien?
DOÑA CLOTILDE- Con cara de estupor ¿Cómo dice?-
DON FERNANDO- Si, no vaya a ser que si le corto el monólogo y se enfade- Señalando a Doña Flor.
DOÑA CLOTILDE- Ah, claro, claro... adelante.

Doña Clotilde sonríe cortésmente y espera a que Doña Flor reciba su beso;  Don Fernando la pilla desprevenida al besarla a ella en lugar de su amiga.

DOÑA FLOR-Volviendo a adquirir protagonismo en la escena. ¡Descarado! ¡Y encima me corta el monólogo! En esta fiesta no se respeta el protocolo...
DON FERNANDO- A Doña Clotilde. Pues espero verla pronto.
DOÑA FLOR- A Doña Clotilde sin que lo oiga Don Fernando. Déjale los zapatos... ¡los zapatos!
DOÑA CLOTILDE- Haciendo caso omiso de Doña Flor. Ehh.. claro, claro. Eso espero yo también.

Marchan las dos hacia la puerta junto a la que están los enamorados besándose, a quienes Doña Flor les hace un corte de manga.

DOÑA FLOR- ¡Se los tenías que haber dado! ¿Tú también pasas ahora del protocolo? ¿Cómo te encontrará?-
DOÑA CLOTILDE- Era una fiesta, Flor, ¿Qué habría pasado si Don Fernando no te hubiera intentado regalar la silla? ¿Y si hubieran tenido bolsas? ¿Y si le hubiera dejado a Feo los zapatos? Pues que no habría sido una fiesta...-