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jueves, 20 de junio de 2019

Good-bye, peepel

It aches saying good-bye. It hurts bad, real bad. I cry with different things -other than 'old rocks'- and I am literaly crying my eyes out with this anticipated good-bye.

You three, peepel, have been there along the way in one way or another, and I cannot thank you enough for that. You may not agree (or even just find it 'normal') but I believe we all learnt so much from each other.

Who knows what it would have been like otherwise. Probably not as silly, and definitely not as fun.

-Barcelona.

-Más duro, papi.

-Titititititi.

-Noo.....(hic)...oooooo!!!

I know I am going to miss us. So much. But I just hope that here or there we can find ourselves together again.

Love,

Mami

martes, 12 de febrero de 2019

Baby girl

Baby girl, ¿qué haces tan sola en la calle, a estas horas, en esta noche tan oscura?

-Cállate, Lobo.

Baby girl, vete a casa ya. Ésta no es tu calle, ésta no es tu ciudad y ésta no es tu noche.

-He dicho que te calles. No me das miedo.

Baby girl, dices que no te doy miedo, pero agarras tus llaves como si no hubiera un mañana, como si de verdad te fueran a proteger. Veo cómo aprietas el paso. ¿Qué haces tan sola? ¿Por qué estás aquí? ¿Qué intentas demostrar?

-La noche no siempre fue sólo tuya. Y la voy a recuperar.

¡Ay, Baby girl! Tu pulso es un zumbido, debajo del abrigo eres un charco de sudor, y a cada esquina que doblas giras la cabeza buscando la más mínima señal... ¿Es ésto lo que quieres? Vuélvete a casa en taxi, en metro, en autobús... Búscate compañía para pasear, pero esto no. ¡Enciérrate! Eres un cordero en una bandeja de plata, y ninguno de los planes que has urdido en tu cabeza van a sacarte de los millones de desencuentros hipotéticos que has previsto. ¡Corre! ¡Huye! ¡Fuera de aquí! ¡Éste no es tu sitio, Baby girl!

-Te digo que no. Que la noche fue mía, que yo antes miraba a la luna a la cara, que los reflejos nocturnos en el río han sido míos, y que antes de que me miraran los ojos del carbón mi pulso era un adagio. ¡Que esto no es justo! Que ni yo, ni ninguna lo hemos pedido! ¡¡Que no lo queremos!! ¡¡Que no es justo!! ¡¿Me oyes?! ¡¡Que quiero mi noche de vuelta!! ¡¡¡Que no pienso amedrentarme!!! ¡Que me gusta pasear cuando todo el mundo está durmiendo! ¡¡¡Que no quiero ver el peligro en cada alcorque, en cada cara y cada sombra!! ¡Que te marches! ¡Que me dejes dar mi paseo, porque lo he escogido yo, con el mismo derecho que tienes tú! ¡¡Qué me dejes!! ¡¡¡Que me dejes!!! ¡¡¡QUE ME DEJES!!!

***

Londres se ha dormido, y en la orilla sur del Támesis sólo se oyen tus pasos. Van tranquilos, contentos y confiados, como tú. Como yo. Mira como se refleja ese autobús rojo en el agua. Mira las luces de las farolas... y como las hojas amontonadas descansan a un lado. También hay una rata escondida en ese seto, pero bueno, la noche tiene cosas más y menos agradables, pero las puedes ver todas. Y también puedes volver a casa, mujer.

sábado, 10 de junio de 2017

Volver la vista atrás

Qué curioso, nunca pensé que los gustos cambiaran de forma tan radical. Bueno, tampoco es cierto: antes no te gustaba el Cola-Cao, y mírate ahora, te vas a destrozar el hígado. 

Me refiero más bien a que hay muchos tipos de cambios. Los hay paulatinos, esos que poco a poco se van asentando en nuestras vidas y un buen día... ¡zas! esto antes no era así. También los hay radicales, que sin previo aviso nos hacen cruzar un abismo infinito y situarnos en el polo opuesto. Y por supuesto, los hay que están a medio camino entre ambos.

Pero mis favoritos son aquellos que entrañan una creación, esos caracterizados por pasar de la inexistencia a la existencia, de la nada al... ¿algo? Son bonitos, suponen un desafío, nos hacen mojarnos y decantarnos, y vivir aventuras. ¿Qué haces con lo nuevo? ¿Cómo lo compaginas con todo lo anterior? Y aunque no se lo suelo comentar a mucha gente, te confesaré que también me gusta acostumbrarme al cambio y volver la vista atrás para sentirlo como nuevo. Es la misma sensación que tengo cuando releo mis libros preferidos: ya sé lo que va a pasar, y desde la experiencia disfruto con calma (y con cierto masoquismo) las cosas que ya han pasado, que van a pasar

Y lo mismo hago con vuestra historia. Me gusta volver a la noche de verano en que planteasteis la inmortalidad, me gusta volver a ver la duda divertida en unos ojos somnolientos, pero emocionados; me gusta unir todo eso con las flores que nacen en mayo cuando muere el teatro. Y me gusta pasar a cámara rápida todos los fotogramas de una película espléndida, para darle a pausa y reproducir más despacio una serie de escenas. 

En fin, quería sólo decirte que eso es lo que hago cuando pierdo el tiempo; y aunque sabes que soy eficiente, el tiempo que me sobra me gusta perderlo así.

domingo, 8 de mayo de 2016

Cari Fantasmi

Queridos Fantasmas,
Al volver la vista atrás parece que ha sido un sueño. Un sueño muy intenso concentrado en cinco días desaforados y un montón de meses lánguidos.
Quiero daros las gracias ahora, con toda la calma del mundo, porque no están las limitaciones de papel que impone el tríptico. Es decir, ha sido una ilusión tremenda el sacar adelante este proyecto, un BOOM mental, y sé que sin esa actitud maravillosa que habéis tenido, no habría sido posible.
Gracias por haberos metido en vuestro personaje, por haberle hecho preguntas, por haber redactado sus preocupaciones más íntimas. Gracias por haberle dedicado tiempo al papel... ¡un tiempo infinito! (Un tiempo, que espero que os haya valido la pena).
Gracias por haber diseñado un cartel que quedará increíblemente bien enmarcado en la pared. Gracias por haber buscado vestidos, y pañuelos, y corbatas, y trajes, y chalecos, y jaulas, y percheros y... Y gracias por haberlo hecho en equipo, con toda la división de tareas que ello conllevaba. Gracias también por haber metido un pedacito de esa intuición músico-teatral en esta obra. Gracias por haber pensado y repensado cómo traernos el Palacio de "Rodríguez Los De Ríos" a la Escuela. Y por haber estado pendientes de las luces y sombras en todo momento.
Y claro, algunos no sólo os habéis encargado de sacar adelante vuestra parte, también me habéis sacado a mí del hoyo, y por ello sólo puedo agradecéroslo una vez más.
En fin, queridos Fantasmas, gracias por haberme dejado hacerle un pequeño homenaje a mi año pasado (porque al señor de Filippo, lo conocí el año pasado), y gracias por hacer que dicho homenaje haya sido mejor de lo que podría haber imaginado jamás.
...a Gabi, Raquel, Jota, Fran, Serra, Sofi, Zozaya, Gibrán, Iñaki, Planchuelo, Irene, Capi, Miguel S., Charlie, Ors y Bea.

viernes, 25 de marzo de 2016

En Camino

Había una bruma a lo lejos, pero jirones de cielo se entreveían cada pocos hectómetros. ¡Qué satisfacción da hacer las cosas bien!
 
Había acabado varios capítulos del libro, y el sol, la lluvia ligera y las piedras del camino estaban contentos. El sudor y la mugre daban fuerzas para seguir escribiendo la novela. El vino, el pan, y las cazuelas rellenas de tradición alimentaban un alma voraz. Y la inercia de los pasos no se podía parar: ¡a donde me llevéis, pies!
 
Había tantos y tantos kilómetros por caminar, que daba pena pensar que ese número iba disminuyendo con los medidores de madera que se sucedían... pero al fin y al cabo cada paso se disfrutaba, sobre todo si desmigajábamos juntos los juncos de la vera del camino.
 
Quiero compartirlo. No quiero llegar. Quiero llegar y seguir marcha atrás con vosotros. Otro paso, y otro, y otro, y otro.
 
 

miércoles, 27 de enero de 2016

Lo prometo

-Prométeme que no volverás a pedir más de lo que sabes que no puedes pedir.

-Lo prometo.

-Bueno, en un rato lo volverás a hacer, pero al menos serás consciente de que las cosas son así y así se quedarán. La frustración no es una opción. Bien.

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Yo a ti no te debo nada. Y tú a mí tampoco. Finito. Con calma y sin enrevesar las cosas. ¿Para qué? Tenía que darme igual desde hace mucho, pero bueno, mejor ahora que jamás. Ahora es una mosca que vuela cercana y su zumzum no molesta. Antes daba miedo: si abríamos la venta la mosca podía estamparse contra una pared. (...) No, no es una buena metáfora. Tampoco importa, estamos borrachos. Sobre todo yo. Literalmente.

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Prometo tener las cosas claras. No me importarán las nimiedades. Ahora sólo va a pasar una vez (por eso escribo "sólo" con tilde, la vida consiste en eso) y hay que aprovecharlo. Tienes razón, cuando soy liviana todo es muchísimo mejor. Y os veo más. Y los dolores duelen menos. Y las noches son más claras y los días más justos.

Gritaría todas las cosas que salen de ideas que intento acallar. Todos tenemos miedos. Todos los gestionamos de mil maneras distintas. Distintas como son las caras que tenemos al salir a la calle cada día de nuestra vida. Y como hace demasiados meses que no me siento callada a mirar al infinito durante veinte minutos tomando consciencia de esos miedos, y esas caras, y esas peticiones vitales que habitan en lo más hondo, profundo y secreto de mi ser...


...me voy a la cama. Lo prometo.

jueves, 16 de abril de 2015

Entonces, ¿Quién soy yo?

Desde que tuvimos nuestra conversación no he podido parar de pensarlo: entonces ¿Quiénes somos en realidad?
 
Quequé, tú dices -poniendo esa boca de piñón propiamente francesa- que esa es la Quequé auténtica. Dices que tu esencia radica en los insultos nocturnos, en la ausencia de barreras, en la libertad. Dices que la Quequé que va a la universidad no es realmente quién eres, y que la Quequé verdadera -aquella que vive en el fondo de tus entrañas- sale a la luz cuando el sol se va.
 
Y yo te digo que no puedo soportar esa idea. Que yo también adoro la sensación de tener el mundo en las manos, me encanta la inhibición que traen las luces intermitentes y las copas de colores, y sobre todo, el éxtasis de estar así tú y yo, hasta que nos despierte el deber de ir a Novoli cuando vuelva el sol. Pero esa no soy yo. Poppy no es Poppy sin barreras, límites, cercas... impuestas desde la consciencia. Sí forma parte de mí ser saltármelas, pero siendo consciente de ello.
 
Yo también toco el cielo por las noches después de pasar todos juntos buenos ratos en tu casa, Quequé, pero no asumo como núcleo de mi ser las locuras que puedan pasar en esas noches. Las personas deleznables que podemos llegar a ser cuando decidimos ser salvajes no somos tú y yo. Sé de buena tinta que somos aquellas chicas que pasan una tarde en Le Cascine meditando tranquilamente mientras los castores se bañan en las orillas del Arno.
 
Vale, hay una chispa rebelde y desenfrenada en lo más profundo de nosotras. Pero no es nuestra esencia fundamental. Quequé, te concedo explotarla y divertirnos por Firenze, pero no te pierdas por las calles empedradas, porque mañana por la mañana tenemos que ser nuestra mejor versión: la más auténtica.

lunes, 13 de abril de 2015

Tornare da me

Y cuando tenía que volver al paraíso, a explotar la esencia de mi juventud hasta que ya no me quedara ni una chispa de energía, descubrí que me había quedado enredada en la hamaca de tu terraza aún con amaretto en los labios.

Ven pronto.

viernes, 30 de enero de 2015

Perfect Day

Lleva cinco, diez, quince... minutos sentada en la mesa de la entrada. Creo que está intentando escribir algo. No sabría decir bien el qué, pero parece que le importa, porque no para de mirar a todos lados y a rascarse la nariz -como cuando está nerviosa en una conversación-.

No, no avanza. Porque cruza y descruza las piernas, apoya la barbilla en su mano derecha y tamborilea los dedos de la izquierda en la mesa. Pero no escribe. De vez en cuando sonríe un poco como si hubiera encontrado por dónde comenzar... pero creo que tampoco es eso, porque ni toca el teclado.

Ha puesto un disco de Lou Reed, se acerca al teclado mientras mueve la cabeza al ritmo de la canción, y en el último momento se da cuenta de que no puede escribir. Hoy no. Y como piensa que está sola en la habitación dice en voz alta:

-No se escribe sobre un día perfecto. Se va a buscar otro.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Miedo

Ese instante suspendidos en el aire: cuando acabamos de saltar desde una altura considerable al agua y empezamos a notar la caída. Ese miedo fugaz que nos sobreviene sin avisar. Podemos reírnos antes de saltar, o cuando ya chapoteamos abajo... pero ese segundo de pavor no podemos remediarlo.

Ahora prolonga ese momento: estíralo y estíralo cuanto quieras, como un chicle. Y ponte a pensar. ¿Me haré daño? ¿Estará fría? ¿Habrá piedras en el fondo? y otras miles de preguntas que no importan, porque al final el agua estará fresquita, y si acaso te darás un ligero planchazo que no será para tanto.

Pero el miedo es natural. Y pese a que yo no he venido a este valle de lágrimas a sufrir sino a pasármelo bien, a veces también tengo miedo. Porque aunque sé que lees los párrafos muy despacio, es posible que acabes mi libro y no te convenza.

 

viernes, 22 de agosto de 2014

¿Queda esperanza?

"Parece mentira que en un sitio tan bonito se puedan cometer unas atrocidades así" pienso.
 
Brilla el sol, y hace bastante calor; el aire es limpio y los árboles que rodean el complejo dan frescor. Hay unas casas de ladrillo rojizo muy bonitas que podrían pertenecer a una urbanización de Gran Bretaña... pero de alguna manera dentro de esas casas se palpan aún los horrores de épocas pasadas.
 
Sólo los optimistas sobreviven.
 
 
Caminamos por uno de los cementerios más grandes del mundo: un recordatorio de lo que el hombre es capaz de hacerle a otro hombre sólo por el hecho de considerarlo diferente. Y no es cosa de un único individuo, es la maldad institucionalizada.
 
Mientras paseo por los barracones reflexiono sobre muchas cosas: "No es una historia de miedo, es real. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Por qué siguen pasando? ¿Por qué parece que precisamente aquellos que deberían recordar mejor la historia se olvidan de ella y la repiten? ¿El ser humano es esencialmente malo o es que se desvía por el camino?"
 
Soy incapaz de responderme a muchas de las preguntas y eso quizá es lo que más vértigo da: ¿queda esperanza?; sólo puedo guardar unos minutos de silencio al final de la visita por todos aquellos que ya no están; puedo despedirme finalmente de Anna y Margot; y simplemente asumir la suerte que tuvo mi familia.

martes, 29 de julio de 2014

Ya basta

¿Nunca te enseñaron en el colegio a no discriminar? A mí sí, pero creo que al señor Mas y a otros tantos que andan sueltos destruyendo mi sociedad y mi país, no.

Yo entiendo que haya que preservar la cultura, cuidar las tradiciones, lo propio, aquello que nos enorgullece y que nos enternece. Yo soy la primera que lloro al escuchar unas habaneras, y que, al oír hablar a alguien en catalán siento como si estuviera en casa.

Sin embargo, llega un momento en el cual, el nacionalismo pasa a convertirse en un nazi-onalismo. Sí, quizá piensen ustedes que exagero, pero en el momento en que se deja muy claro que “tú no eres de aquí” y “tú nunca serás de aquí” se está discriminando, se está negando un sentimiento y además, se está empobreciendo una sociedad. ¿Qué será lo siguiente, cosernos la estrella de David en el hombro como si estuvieramos en 1933? Porque ya han traspasado ustedes la delgada línea entre ensalzar su cultura y denigrar a aquel al que consideran extraneus. ¿No ven ustedes la fuga de intelectuales catalanes que se está dando? ¡Se marchan! ¡Por ser tan estrechos de miras pierden ustedes a una parte importantísima de su sociedad! Aunque si sólo les interesa la economía también pueden ustedes mirar cuantas empresas están cambiando su domicio social a otras partes de la península...

¿Qué quieren ustedes? ¿Autonomía? ¿Otro tipo de financiación? ¿Independencia? ¿Acaso no se dan cuenta ustedes de que sus políticos les mienten? ¿No entienden que cuando les dicen que ¡Madrid ens roba!” son ellos los que abren las arcas de Cataluña y roban a manos llenas sin ningún tipo de pudor? Sólo espero que recuerden que papá-Estado no es aquello que les venden sus políticos, sino que es la base que impide que ustedes caigan: no es viable la independencia (y sus políticos lo saben). Y como comprenderán no creo que tengan ningún derecho a explotar de forma privilegiada los recursos del Estado como si fueran los únicos contribuyentes de este país.

Supongo que es difícil mantener la cabeza fría cuando desde el colegio te enseñan que la Guerra de Independencia (1808) se llama la Guerra del Francés; y me imagino también que es difícil no dejarse llevar por unos cuantos, que hacen mucho ruido, que prometen un futuro mejor y achacan la situación actual al Gobierno Central. ¡Qué provinciano! ¡Qué sensacionalista! ¡Qué vergüenza!

Por primera vez en veintiún años que llevo viniendo a Barcelona he sentido vergüenza. Vergüenza ajena por este adoctrinamiento arraigado y vergüenza propia por haberme sentido en algún momento parte de esta cultura. He llegado a sentir repulsión hacia un sitio que yo consideraba mi segundo hogar. Enhorabuena, han conseguido que en mi propia tierra, allá de donde proviene mi sangre, me sienta extranjera. Ya basta.

lunes, 14 de abril de 2014

CO

-Necesito que te calles, estoy tratando de explicarte algo... ¿Ya? Escúchame atentamente, porque esto que te voy a decir aclarará tus dudas de una vez por todas.-
Yo miré al profesor ese sin mucho convencimiento, en el despacho hacía muchísimo calor... ¡Qué pocas ganas de revisar un examen en pleno junio!
 
Y cuando puse cara seria simulando que lo escuchaba comenzó su "runrun" de explicaciones. Yo le miraba a la cara y al papel alternativamente, asintiendo ligeramente cuando hacía pausas y frunciendo el ceño cada cierto rato, para que pareciera que me estaba enterando. No me interesaba lo más mínimo, era puro teatro.
 
-Ya ves, esta pregunta era sencilla, ¿No crees? Un buen líder tiene que saber comunicar...- En ese punto volví a desconectar. ¡Qué pérdida de tiempo! ¿Por qué no me habían enseñado algo útil? ¿Por qué no me habían contado los pasos esenciales para sacar adelante un proyecto?
 
1º Tener una idea.
2º Buscar un socio.
3º Conseguir tu dream team.
 
Había luego muchas nociones igualmente necesarias para que un proyecto tuviera éxito, pero en vez de aprender eso, estaba viendo la personalidad tipo A y tipo B, y no se qué chorradas (bastante obvias) sobre el absentismo laboral. ¿Por qué no me habían enseñado a imponer autoridad? ¿Por qué no me habían dicho que existen incompatibilidades insalvables?
 
-¿Entiendes por qué has fallado esta, Poppy?-
-Sí. Oiga, una pregunta, ¿Usted ha dirigido algo alguna vez?- Se me quedó mirando el pobre con cara de idiota.
-¿Cómo?-
-Sí, eso que le digo, ¿Ha dirigido algún proyecto?-
-Pues... bueno, en el departamento.... realmente...-
-Bueno, veo que no, pues yo sí. Y déjeme decirle una cosa: su libro está muy bien, y los casos que plantean son sudokus muy graciosos, pero resulta que cuando salimos de aquí hay tiburones y demás bestias por todas partes con las que hay que lidiar. Y no es sólo que las personas presenten problemas per se, es que encima aparecen impedimentos provenientes del azar, de casualidades, de instituciones... contra las que también tenemos que luchar.
Es muy bonita toda la palabrería y, también me han parecido simpáticos los estudios de laboratorio a los que les han concedido la denominación de origen de <<teoría>>; pero pienso que tras un par de situaciones reales uno se da cuenta de que esto que nos cuentan es poco, es insuficiente, es un jueguecito gracioso y poco más. Pruebe a dirigir algo cuando quiera, sólo entonces aceptaré que me dé clases, estimado profesor.-
 
Cogí mi suspenso y me marché del despacho-horno.
 

viernes, 21 de marzo de 2014

Chan chan

La Habana se despierta con calima, y los Ladas ya recorren el Vedado. El Malecón, tan grande y tan vacío se planta frente al mar con flores de piedra que se deshojan  con el tiempo. Hace calor, y en Parque Central abundan coches brillantes y árboles de copas verdes que ofrecen sombra. Puedo ver a Hemingway saliendo del Floridita, y a Sinatra cantando en el Hotel Nacional.
 
"De Alto Cedro voy para Marcané
llego a Cueto, voy para Mayarí

En Miramar se esconden, entre lianas y plantas de hojas gigantescas, el recuerdo de un campo de golf y los sueños ajados y pisoteados de tres ancianos arquitectos. Y mientras suenan clarinetes y los alumnos preparan su marcha de las antorchas, el péndulo del régimen continúa difamando o ensalzando según sea día par o impar.

El cariño que te tengo
no te lo puedo negar
se me sale la babita
yo no lo puedo evita
r

En Trinidad nos contempla medio milenio de Historia, arrullado por un son de maracas y guitarras. Las piedras traídas en su día de Sevilla, incrustadas en las calles, callan bajo nuestros pies cuando bailamos. Los mosquitos han salido a saludarnos.

Cuando Juanica y Chan Chan
en el mar cernían arena
como sacudía el jibe
a Chan Chan le daba pena

Santiago es un trajín de coches, de Revolución y de disidentes, de cazadores de vías de escape. A lo lejos se alza la Sierra Maestra, ocultadora de guerrilleros. ¿De dónde vino ese estallido? Son las seis de la tarde y anochece en el Castillo del Morro: ¡¡Viva Cuba libre!! Y nosotros cuatro, con el corazón encogido de emoción volvemos a la ciudad oscura a reflexionar sobre el paso del tiempo.

Limpia el camino de paja
que yo me quiero sentar
en aquél tronco que veo
y así no puedo llegar

Cuba tiene caminos sin asfaltar, niebla en sus Mogotes, músicos en las calles, y campos y campos de caña. Hay silencios que gritan los cubanos, y hay cegueras intencionadas. En Cuba hay risas y alboroto, hay llanto y desprecio, hay hospitalidad y empatía. Hay una civilización que se resquebraja ante el inevitable transcurso de los años: quedan los últimos restos de un legado. Fue un experimento, a escala 1:1, generador de un mundo distinto del mío, con gente que podría ser la mía. 

De Alto Cedro voy para Marcané
llegó a Cueto voy para Mayarí"

jueves, 28 de noviembre de 2013

Rojo, Azul y Piedra

(Están Rojo y Azul sentados en un banco del parque. Al fondo hay una piedra. Rojo dibuja distraído con un palo en la arena del suelo)

-¿Qué haces?
-Nada.
-¡¿Qué haces?!
-Ya te he dicho que nada.
-No me lo creo.
-No me importa.
-Va, ¿qué haces?
-Cosas...
-Ya veo.
-Y si ves, ¿Para qué preguntas?
-Para que lo veas.
-¿Ver el qué?
-Lo que haces.
-Ah.

(Una pausa)

-Pero eso ya lo veo yo.
-No.
-¿Cómo que no? ¡Para eso ya lo estoy haciendo yo!
-Pero es que tú no quieres verlo.
-¿Por qué?
-Ya lo sabes.
-No, no lo sé.
-Pues ya lo sabrás.
-Vale.

(Otra pausa)

-¿Qué quieres?
-Lo mismo que tú.
-Mentira. Se te acelera el pulso.
-Vale.
-¿Qué quieres?
-Otra situación.
-¿Cuál?
-Ya sabes. Irme a esa esquina. Tropezar un poquito. ¿Tú no?
-No. Ni una pizca. Tropezar está feo.
-Pero es más divertido que estar aquí sentados.
-Pero está feo.
-Vale.
-¿Vas a tropezarte?
-No lo sé.
-¿Seguro?
-Seguro. Esas cosas no se saben.
-Vale.

(Tercera pausa)

-¿Pero quieres?
-Yo sí, pero tú no. ¿no?
-Si.
-¿Y qué hacemos?
-Nada. Estate quieto.
-¿Y si muevo la piedra?
-¡No!
-¿Y si la giro?
-Te olvidarás de que la has girado, te tropezarás, y te caerás.
-¿Y qué?
-Que está feo.
-Bueno.

(Cuarta pausa)

-¿Tú crees que la piedra se puede mover hasta aquí?
-No, sería raro.
-Y si viniera... ¿Me dejas tropezar?
-No. Y no va a venir.
-Pues yo quiero que camine hasta aquí.
-Pero no lo va a hacer. Es una piedra.
-A lo mejor es simpática.
-A lo mejor no.
-Vale.
-¿Por qué quieres tropezarte?
-Porque tú no quieres. Y siempre nos tienen que apetecer cosas distintas a tí y a mi.
-Ya. No me gusta.
-Voy a ir. Sólo a mirarla.
-No.
-¿Por qué?
-Porque no.
-Pues espero que venga.
-Hola.
-¿Ves?
-Vaya.
-Sólo tengo un rato.
-Ya te veíamos.
-¿Venís?
-(A la vez) Sí.
-(A la vez) No.
-Bueno, ¿Entonces?
-No vayas.
-Quiero ir. Es una piedra.
-No.
-¿Vienes?

(Sexta pausa)

-No, me quedo.

Fin

martes, 12 de noviembre de 2013

Como si fuera para mí

Pegué un bote en la cama y me apretujé contra el teléfono en cuanto oí tu voz:
-¡Hola!
Era sólo un "hola", pero dicho en un todo muy agudo y cantarín. Hacías el tonto y a mí me hacías reír aunque no quisiera.
-Tengo noticias.- añadiste.

Me contaste que por fín lo habías encontrado: era la siguiente pista en tu camino hacia el futuro. Era un cordelito de lana que había que seguir, y aunque tú intentabas quitarle hierro al asunto, yo sabía que era justo lo que necesitabas. 

Ese sitio tenía tu nombre y tus apellidos como carta de presentación, pero en el fondo ¿Qué más daba cómo fuera en realidad ese proyecto? Lo importante era que te daría esperanza, te demostraría que había mil sendas maravillosas ahí fuera que te estaban esperando, te insuflaría el aire renovador de las ilusiones. Y sería el siguiente peldaño en la escalera hacia... bueno, hacia donde quisieras tú.

Me alegré tanto que no sabía cómo hacértelo ver. Parecía que la que se iba  Lausanne era yo, y supongo que eso estaba relacionado con el hecho de que habíamos empezado a ser un mismo ente, sin darnos casi cuenta.

-Es... es... ¡fantástico!- y mi cabeza pensaba en qué te escribiría después, porque en ese momento me embargaba una felicidad explosiva.
-Me están llamando a cenar, amor...-
-Sí, yo igual. Parliamo dopo, caro mio ¡ciao!-

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Otroño tras otro

Otra vez íbamos mezclando jerseys y sandalias. Ya llegaba el frescor, y el crujido de las hojas ya me lo imaginaba yo (porque cuando uno miraba las acacias de la Castellana, veía las copas todavía verdes). Nunca me había ilusionado tanto un "otroño". Siempre sentía unas ganas inmensas de remolonear, de seguir en la cama del verano. Pero viendo la tristeza que había traído consigo el verano anterior, y sobre todo, teniendo en cuenta la cantidad de proyectos jugosos y apetecibles que se encontraban a la vuelta de la esquina... 

¡Ay! ¡Frío, llega ya de una vez! Que me apetece pasear entre charcos, enrollarme la bufanda y cerrarme el abrigo. Quiero ir al teatro calentito mientras imagino la lluvia y el mal tiempo que debe de hacer fuera. ¡¡Y quiero sabotear la hibernación inminente!! ¡¡¡A trabajar se ha dicho!!!

jueves, 5 de septiembre de 2013

Ya está. Buenas noches y hasta pronto

No importaba que llevara no días ni meses, años, preparándome para este momento: la muerte siempre nos pilla por sorpresa.

Con un simple "ya está" supimos que te habías ido. Y aunque no ha pasado ni una semana, sigo con la impresión de que todo pasó ayer mismo, o esta mañana incluso. Si, eso es, fuimos esta mañana todos en silencio en el coche. Miraba yo al oeste, y aunque nadie más parecía fijarse, yo sé que era tuyo, era tu atardecer. Era el atardecer más bonito que he visto en mi corta vida. A su vez, el silencio era ensordecedor, propio de un día nevado de invierno, no de finales de agosto. Y al llegar al destino nos invadió una oscuridad cálida y aquel silencio aturdidor quedó roto por nuestras miradas de desolación.

Te ví entonces sentado al borde de la piscina, con tu sombrero de tela embutido hasta las orejas, con el pantalon corto arremangado de aquella forma tan graciosa, leyendo a la sombra de los pinos tu ABC. Y las lágrimas acudieron a mí como imanes al verte a la vez en aquella cama blanca y blanda, dormido para siempre. Estabas después con Patricia, con Miguel, con Juana y conmigo en la mesa de piedra, sacabas un martillo y la bolsa de las almendras y piñones, y nos enseñabas a partirlas sin que se rompieran. Y a la vez caían mis lágrimas del tamaño de los piñones que partíamos en aquella mesa. Y mientras miraba tu cara tranquila, te recordé sentado en aquel banco de la Plaza de Chamberí sonriendo al vernos salir de una tienda la primera vez que compré algo, con las 100 pesetas que me diste.

En fin, he visto el humo, he contemplado el polvo, he llorado la sal y atesoro el recuerdo de tí. Hasta pronto, Abuelo Guimo.

miércoles, 14 de agosto de 2013

¿Y qué queréis que os diga?

Fue un verano muy extraño. Fue un verano de grandes expectativas cariñosas. Tenía ganas de pasar mucho tiempo con ellos, de pasar todo el tiempo del mundo riendo y disfrutando juntos. Quería visitar casas de indianos, bailar con "Buena Vista Social Club" y hartarnos del arroz y de maduro... y hacer todo eso juntos. Teníamos pendiente bañarnos en el mar y bailar joticas aragonesas por las calles empedradas de la Habana. Teníamos muchas cosas pendientes, y las seguimos teniendo. Y casi lo sentí más por todos vosotros, que lo necesitábais, que os lo habíais ganado, y porque al fin y al cabo, yo soy de buen conformar...

Pero en vez de hacer todo eso, volvimos al refugio en el mar. Ví cómo se íban los barcos uno tras otro a distintos lugares del globo mientras yo me quedaba en tierra firme. Eché de menos a los tripulantes de todos aquellos barcos mientras le daba la mano al hilo del que cuelgan los latidos del porvenir. Pensé en todas las cosas que no había hecho, y las que aparecían ahora pidiéndome atención mientras me alegraba en el fondo de no haberme marchado, y de haber estado donde tenía que estar en el momento preciso.

miércoles, 1 de mayo de 2013

APLAUSOS

Se apagan las luces. Silencio en el bastidor. O eso intentamos. ¿Por qué tenía yo tantos nervios? Yo estaba abajo, siguiendo el guión con la luz que se filtraba por la cortina; pero me sentía como si estuviera en la mesa de arriba, viendo el resultado, y sufriendo, a mi juicio, el papel más importante y el menos lucido de todos. 

Y salí a escena, sin mucha seguridad, intentando no hacerlo muy mal... y me fui de escena, a mi parecer, sin haber dejado mucha huella en ese público que se reía tanto. Pero aún quedaba un buen rato, teníamos muchos chistes guardados en la manga, y no tardaríamos en utilizarlos.

Arriba todo se ve con mucha más calma que dentro del bastidor. Será que la distancia nos da perpectiva, y que nuestra obra parecía ya encarrilada. Y suena música, y nos sonreímos (ya sea a los focos o a la oscuridad) mientras ellos bailan al son tontorrón de mi piano...

Y toca bajar. Y no sé porqué, pero fue distinta esta nueva aparición. Quizá cuando uno nota que algo se va acabando desespera intentando asirse a ello y disfrutarlo como mejor pueda. O a lo mejor era simplemente que estaba más cómoda, haciendo el payaso para que los demás lo pasaran bien, como a mí me gusta. "¿Que a qué he venido? ¡Pues a verte! ¡¡Y traigo una carta de recomendación!!"



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¿No sentísteis eso? ¿No notásteis como el mundo literalmente paró, me dio un par de bofetones y me dijo: "Si, guapa, eso es tuyo."? Porque yo casi ni me enteré de qué estaba pasando, y lo siguiente que recuerdo es estar llorando aturdida en la oscuridad del bastidor. 

Y después de mucho pensar, cuando por fin acabaron los tres días que culminaron mi existencia en el corto plazo, me dí cuenta de que lo que ahora voy a echar de menos no van a ser esos aplausos, sino las conversaciones en el yaris, las risas al piano, el frío del frontón, las chorradas de Ors, y las butacas de las salas C y D. Pero en particular, me dolerá echar de menos que digan que cazo ardillas, y que me enseñen cosas nuevas e impresionantes, desde el puesto más importante y menos agradecido de todos.