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jueves, 20 de junio de 2019

Good-bye, peepel

It aches saying good-bye. It hurts bad, real bad. I cry with different things -other than 'old rocks'- and I am literaly crying my eyes out with this anticipated good-bye.

You three, peepel, have been there along the way in one way or another, and I cannot thank you enough for that. You may not agree (or even just find it 'normal') but I believe we all learnt so much from each other.

Who knows what it would have been like otherwise. Probably not as silly, and definitely not as fun.

-Barcelona.

-Más duro, papi.

-Titititititi.

-Noo.....(hic)...oooooo!!!

I know I am going to miss us. So much. But I just hope that here or there we can find ourselves together again.

Love,

Mami

viernes, 25 de marzo de 2016

En Camino

Había una bruma a lo lejos, pero jirones de cielo se entreveían cada pocos hectómetros. ¡Qué satisfacción da hacer las cosas bien!
 
Había acabado varios capítulos del libro, y el sol, la lluvia ligera y las piedras del camino estaban contentos. El sudor y la mugre daban fuerzas para seguir escribiendo la novela. El vino, el pan, y las cazuelas rellenas de tradición alimentaban un alma voraz. Y la inercia de los pasos no se podía parar: ¡a donde me llevéis, pies!
 
Había tantos y tantos kilómetros por caminar, que daba pena pensar que ese número iba disminuyendo con los medidores de madera que se sucedían... pero al fin y al cabo cada paso se disfrutaba, sobre todo si desmigajábamos juntos los juncos de la vera del camino.
 
Quiero compartirlo. No quiero llegar. Quiero llegar y seguir marcha atrás con vosotros. Otro paso, y otro, y otro, y otro.
 
 

viernes, 21 de marzo de 2014

Chan chan

La Habana se despierta con calima, y los Ladas ya recorren el Vedado. El Malecón, tan grande y tan vacío se planta frente al mar con flores de piedra que se deshojan  con el tiempo. Hace calor, y en Parque Central abundan coches brillantes y árboles de copas verdes que ofrecen sombra. Puedo ver a Hemingway saliendo del Floridita, y a Sinatra cantando en el Hotel Nacional.
 
"De Alto Cedro voy para Marcané
llego a Cueto, voy para Mayarí

En Miramar se esconden, entre lianas y plantas de hojas gigantescas, el recuerdo de un campo de golf y los sueños ajados y pisoteados de tres ancianos arquitectos. Y mientras suenan clarinetes y los alumnos preparan su marcha de las antorchas, el péndulo del régimen continúa difamando o ensalzando según sea día par o impar.

El cariño que te tengo
no te lo puedo negar
se me sale la babita
yo no lo puedo evita
r

En Trinidad nos contempla medio milenio de Historia, arrullado por un son de maracas y guitarras. Las piedras traídas en su día de Sevilla, incrustadas en las calles, callan bajo nuestros pies cuando bailamos. Los mosquitos han salido a saludarnos.

Cuando Juanica y Chan Chan
en el mar cernían arena
como sacudía el jibe
a Chan Chan le daba pena

Santiago es un trajín de coches, de Revolución y de disidentes, de cazadores de vías de escape. A lo lejos se alza la Sierra Maestra, ocultadora de guerrilleros. ¿De dónde vino ese estallido? Son las seis de la tarde y anochece en el Castillo del Morro: ¡¡Viva Cuba libre!! Y nosotros cuatro, con el corazón encogido de emoción volvemos a la ciudad oscura a reflexionar sobre el paso del tiempo.

Limpia el camino de paja
que yo me quiero sentar
en aquél tronco que veo
y así no puedo llegar

Cuba tiene caminos sin asfaltar, niebla en sus Mogotes, músicos en las calles, y campos y campos de caña. Hay silencios que gritan los cubanos, y hay cegueras intencionadas. En Cuba hay risas y alboroto, hay llanto y desprecio, hay hospitalidad y empatía. Hay una civilización que se resquebraja ante el inevitable transcurso de los años: quedan los últimos restos de un legado. Fue un experimento, a escala 1:1, generador de un mundo distinto del mío, con gente que podría ser la mía. 

De Alto Cedro voy para Marcané
llegó a Cueto voy para Mayarí"

viernes, 3 de agosto de 2012

Mosquitos

-Est'as cansada o qu'e?- Pregunt'o Josh.
Llevaban andando un buen rato por el caminito de tierra con las bicicletas sujetas al costado. Martha se hab'ia quedado rezagada y se rascaba el codo con insistencia pero con aire distra'ido.
-Eh? No, no.- se mir'o el brazo y vi'o c'omo se le hab'ia puesto de rojo por rascarse.-Es que esta noche me han acribillado unos mosquitos. Me he levantado a las 2am con las manos y los muslos hinchado y colorados de rascarme dormida!! En el resto del d'ia no me han molestado para nada, pero es la del brazo, que no para de picar ahora...- Entre tanto, hab'ia vuelto a andar y estaba ya a la altura de Josh.
-Pues no te rasques, que te har'as costra!-
Martha le dedic'o una mueca de hast'io pero se ri'o; despu'es se puso m'as seria.
-Y t'u c'omo vas?-
Josh apret'o los labios en una sonrisa triste y respondi'o. -Pues yo tampoco he podido dormir mucho esta noche. A ratos voy bien, pero la echo de menos...-
-Pues no la eches de menos, que te har'as costra!- No lo dijo con aire vengativo, acto seguido le plant'o un beso en la mejilla.

Martha llevaba un vestido verde de playa, y llevaba enganchada de la cesta de la bici una bolsa marr'on; Josh iba con una camiseta roja, bermudas y chanclas, y sobre el pelo castanyo llevaba un sombrero de paja. Se montaron en las bicicletas y recorrieron el resto del camino a la playa pedaleando.

-Qu'e calor!- dijo Josh cuando llegaron, y seguidamente agarr'o a Martha del brazo y tir'o de ella hasta que acabaron los dos con el mar por la cintura. -Mejor, no?-
Martha se mir'o perpleja la ropa empapada, mir'o despu'es a Josh y como 'unica respuesta le intent'o hacer una ahogadilla. Sin 'exito. Volvieron los dos ri'endo a la arena, se quedaron en banyador y extendieron las toallas.
-Va, no te enfades. Te concedo el primer panchito del d'ia.-dijo Josh mientras rebuscaba los aperitivos en su mochila negra.
Ella aprovech'o para coger el sombrero de la arena y sacar su c'amara de fotos. -Qu'e tonto...!- le dijo tom'andole una foto.
-P'illalo!- Y Josh le envi'o un panchito al aire para que lo alcanzara al vuelo.
-Nyam! Tienes ganas de volver?-dijo Martha mientras masticaba el panchito.
Josh frunci'o un poco el cenyo y dijo frot'andose el pelo -No s'e... si. Apetece comprobar si mis planes para el curso funcionan.-
-Ya ver'as que s'i. Adem'as, te veo animado.-
-Y t'u? Ganas de rutina?- Josh se le guiny'o un ojo.
Martha arrug'o la nariz, se estir'o en la toalla y hundi'o los pies en la arena. -No!! Qui'en necesita madrugar y llevar bufandas?? Yo vivir'ia siempre en verano!- Se rieron los dos y Martha continu'o hablando.-Pero s'i, tambi'en me apetece ver a Bob y a Carol... y a Poppy. Tienes hambre?-dijo cambiando de tema oportunamente.
Josh la mir'o y sonri'o d'andose cuenta de la estrategia, pero no dijo nada, sac'o los paquetes de papel de plata de la mochila y solt'o un "Qu'e aproveche!"

Terminaron de comer entre bromas y se tumbaron en las toallas amodorrados.
-C'omo crees que acabaremos? De mayores, digo.- pregunt'o 'el.
-Ah... no s'e t'u, pero yo voy a acabar las clases de cine y me voy a poner a editar superproducciones. Lo tengo clar'isimo!-
Josh mir'o al cielo y entrecerr'o los ojos, porque el sol lo deslumbraba.
-Y bien?-pregunt'o Martha, quien esperaba una respuesta.
-Ah! Yo... tropecientos hijos y un apartamento muy grande. Y vacaciones en Europa todos los anyos!- dijo al fin.
-Me sumo a lo 'ultimo. Ir'e con tu familia!-
-No, no, no, no, no... Bueno, s'olo si te dejas llamar "Auntie Martha".-
-Argh!! Qu'e horror! Ya veremos...-

***

El cielo se hab'ia puesto rosa, y el aire, auqnue segu'i siendo c'alido, daba senyales de que la tarde llegaba a su fin. Martha le pas'o las chanclas a Josh, y 'este le di'o las bambas que estaban cerca de la bolsa marr'on. Se vistieron mirando al mar, el cual reflejaba todos los colores del cielo: ahora era naranja, rosa, morado, amarillo... En silencio recogieron las toallas y las bolsas y fueron andando despacito hasta la zona de c'esped donde hab'ian dejado las bicicletas aparcadas. Josh iba ensimismado y Martha no paraba de hablar a la par que se rascaba con 'impetu todo el cuerpo.
-Creo que nos hemos puesto morenos. Bueno, t'u mucho ma's... como siempre!- Sac'o un espejito de su bolsa y se estudi'o la nariz. -Vaya, me he vuelto a quemar. Tienes crema, Josh? Josh?! -Repiti'o rasc'andose el hombro con fuerza.
-Perdona, estaba distra'ido.-respondi'o. Mir'o con ojos tristes y anyadi'o. -No, lo siento, no tengo crema.-
-Est'as bien?-pregunt'o ella mientras las marcas del cuerpo se pon'ian ma's rojas y se iban hinchando.
-No, Martha, ahora no estoy bien. Lo he pasado genial todo el d'ia. Me he re'ido, no he pensado para nada en Poppy... pero ahora...- Trag'o saliva, sacudi'o la cabeza como queriendo olvidarse del asunto, en vano. Y con desgana at'o la mochila a la parte trasera de su bici. -Ella est'a lejos, y no me quiere ya. Y t'u est'as con Will, y Emma est'a con Bob,  y todos est'ais con todos, y yo... Y ella estar'a seguramente con alg'un abogado brit'anico, o tomando t'e en "Trafalgar Square".- No lloraba, pero se le hab'ian puesto los ojos brillantes y se notaba el nudo que ten'ia en la garganta.
-Josh..-Dej'o su bolso en el c'esped y se acerc'o al chico caminando de forma muy extranya para no rozar con nada las zonas inflamadas de la piel. Le dio un abrazo y no supo bien qu'e decir...

Se o'ian las olas al fondo, algunas gaviotas que revoloteaban la zona, y en primer plano el "ras-ras-ras" de Martha rasc'andose los codos mientras abrazaba a Josh.
El chico se empez'o a re'ir -Te vuelven a picar?- Ahora se re'ian los dos sin remedio todav'ia abrazados.
-Creo que no son tan distintas, sabes?- le dijo mientras se soltaban. -Todo pasa. Mis picaduras, Poppy. Pero hay que entretenerse. Sobre todo ahora, al atardecer: la hora m'as triste del d'ia... cuando estamos m'as solos y las preocupaciones parecen m'as graves...-
-...y las picaduras vuelven a picar.-acab'o el.

lunes, 30 de julio de 2012

Estar ahí


Me senté en el banquito de madera mirando a la bahía. Tenía todo el pelo mojado pegado a la cara, y la lluvia -la sábana de agua- seguía cayendo. Parecía que alguien estuviera exprimiendo  las nubes y retorciéndolas hasta que soltaran toda el agua. Era casi violento, y encima, estábamos en temporada de huracanes.

Pero no hacía frío. La ropa, mojada y tibia, se adhería a mi piel, y cada vez se hacía más pesada por el agua que absorbía. Cerré los ojos y sentí las gotas resbalar por la nariz, por los hombros, por los tobillos... hasta el charco embarrado que estaba a mis pies.

Abrí los ojos, me aparté el pelo de la cara y sonreí. Sonreí porque no me lo estaba perdiendo, porque estaba ahí sola disfrutando del espectáculo: palmeras brillantes vencidas por el peso del agua, olor de charcos, de tierra mojada, y una lluvia -casi sólida- que distorisionaba la visión.

Sólo se oía el estruendo del agua, los árboles que crujían bajo el pso de la lluvia, y mi propia respiración.

No iba a ponerme a pensar en la civilización y en lo que ella conllevaba. Creo que nunca había visto llover así, pero estaba decidida a ver el fenómeno entero, así que me acomodé en el banquito y esperé a que la lluvia cesara y se me secara el pelo al sol.

viernes, 27 de julio de 2012

Tenía los cascos puestos

Salí del lobby con las deportivas bien atadas, a paso lento y con el pelo rubio retirado de la cara para poder ver bien. Pasé la garita y llegué al puente que unía Sole Island con el resto de Miami. El mar contaba historias azules... pero yo no las oía, porque tenía los cascos puestos.


En determinado momento la batería empezó a sonar, se juntó el bajo, se unieron las gitarras y el cantante no cantó: empezó a gritar con todo el aire de sus pulmones. Le contaba al mundo lo capaz que era, lo vivo que estaba y demostraba su determinación. Fue por los gritos que empecé a correr, corrí todo el trecho final del puente y llegué a tierra firme; se acabaron el acero y el el cemento suspendidos sobre el mar.


Seguí corriendo, saltando por el alquitrán negro bajo las palmeras y las lianas que intentaban sobrevivir entre los chalés de Miami... los cantantes se sucedían, y todos contaban algo distinto. Ya no había gritos, pero siempre estaban los golpes sordos de la batería al fondo. Iban al ritmo de mis pasos, que hacían "tap, tap, tap" en el suelo a medida que corría... pero yo no los oía, porque tenía los cascos puestos.


Entré en el parquecito ensimismada, pensando en lo que había hecho aquella mañana al despedirme de los recepcionistas, y sonreí con maldad cuando me acordé de cómo se les iluminó la cara cuando les sonreí con dulzura. Como si aquella sonrisa fuera dirigida particularmente a cada uno de ellos, y no un artificio creado en el espejo aplicable a la generalidad. Aceleré el ritmo cuando mi mente se paró a pensar en todos y cada uno de los "pagafantas" que había creado en aquel viaje. Hice recuento: una cocacola, una entrada a una discoteca, varias comidas, una tarta... ¡Quién te ha visto y quién te ve, Alicia! ¡Pobres infelices! Como si a mí me importara lo más mínimo cualquier cosa que hicieran para complacerme.


Cuando estaba en la mitad del caminito que atravesaba el parque me paré a pensar en qué quería yo. Porque, desde luego, había que admitir que lo anterior era divertido, pero no era una meta... era un pasatiempo. Yo quería escribir un cuento cursi, enrevesado pero corto, en el que el el asentamiento llegara pronto para poder prolongar el "y vivieron felices y comieron perdices" hasta el final de mis días... Pero también quería vivir aventuras, estar despreocupada y no quería tener hijos en aquel momento. ¡Si aún no me hubiera enamorado nunca! Pero ya sabía lo que era no pensar en nada y en todo a la vez, y el resto de chorradas que hacían que la vida incluso mejorara a la mejor de las historias inventadas...


Así que mientras sobrepasaba a los culturistas que hacían flexiones en la esquina oeste del parque, llegué al resumen del problema: quería vivir sin comprometerme pero quería enamorarme. ¿Cómo se comía aquello? Otro cantante había empezado a llorar una balada en mis oídos... aminoré el paso para poder pensar mejor. Un perro ladraba a las lagartijas cerca de los culturistas... pero yo no lo oía, porque tenía los cascos puestos.


Salí del parque y volví a la carretera, a deshacer lo andado y a volver a Sole Island. Ahora iba más rápido porque alquien volvía a gritar la solución a los problemas configurada en un pentagrama. Y yo seguía rumiando el ensamblaje de la juventud, la coherencia y la diversión y tratando de averigüar si era factible todo aquello.


Torcí a la derecha, y ya ví el principio del puente para llegar a Sole Island, sólo quedaban unas calles entremedias para llegar hasta él. Y mientras me apartaba un mechón rubio de los ojos, pensé en el puzle que se me presentaba, tan extravagante y provocador. La conclusión, tras dos calles y a pocos metros del puente, llegó clara: tenía todavía tiempo para enamorarme muchas veces.


Y fue justo en ese instante cuando el coche me atropelló... pero yo no lo oí, porque tenía los cascos puestos.

martes, 3 de julio de 2012

Chicago in love


Es increíble, sencillamente increíble. Cuando paseas por la ciudad necesitas sujetarte la cabeza con ambas manos para poder ver el final de los rascacielos. El centro financiero desprende un glamour insólito. Hay edificios de estilo art decó por todas las esquinas, como si fuera lo más normal del mundo.

Y Mies, con su muro-cortina, me saluda un par de veces. Al subir al piso 15 del 500 de North Michigan Avenue, estoy a la misma altura que los rayos que veo caer sobre la ciudad. Pero al cabo de media hora vuelve a brillar el sol, y la gente suda azúcar...

"No te enamores, Poppy, de verdad que no vuelvas del otro lado del charco enamorada" Me dijeron. Y yo, no pude resistirlo. Me he enamorado: de Mies, de Red Mango, de las tormentas que arrancan los tejados de las casas de la periferia, del Art Institute, de vivir en pantalones cortos... American way of life.

Hicimos hogueras y quemamos nubes de gominola, vimos los fuegos artificiales del 4 de julio, nos sentamos en el césped del Millenium Park, desayunamos tortitas... Es distinto y a la vez conocido. Curiosamente tangible, real.



En fin, en unas horas vuelo a Miami, y llevo tu foto en la cartera, Mike. ¿Qué he hecho? Me dijeron: "No te enamores, Poppy, de verdad que no vuelvas del otro lado del charco enamorada" Y no vuelvo aún al viejo continente... pero creo que ya he pasado del consejo.