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viernes, 25 de marzo de 2016

En Camino

Había una bruma a lo lejos, pero jirones de cielo se entreveían cada pocos hectómetros. ¡Qué satisfacción da hacer las cosas bien!
 
Había acabado varios capítulos del libro, y el sol, la lluvia ligera y las piedras del camino estaban contentos. El sudor y la mugre daban fuerzas para seguir escribiendo la novela. El vino, el pan, y las cazuelas rellenas de tradición alimentaban un alma voraz. Y la inercia de los pasos no se podía parar: ¡a donde me llevéis, pies!
 
Había tantos y tantos kilómetros por caminar, que daba pena pensar que ese número iba disminuyendo con los medidores de madera que se sucedían... pero al fin y al cabo cada paso se disfrutaba, sobre todo si desmigajábamos juntos los juncos de la vera del camino.
 
Quiero compartirlo. No quiero llegar. Quiero llegar y seguir marcha atrás con vosotros. Otro paso, y otro, y otro, y otro.
 
 

jueves, 16 de abril de 2015

Entonces, ¿Quién soy yo?

Desde que tuvimos nuestra conversación no he podido parar de pensarlo: entonces ¿Quiénes somos en realidad?
 
Quequé, tú dices -poniendo esa boca de piñón propiamente francesa- que esa es la Quequé auténtica. Dices que tu esencia radica en los insultos nocturnos, en la ausencia de barreras, en la libertad. Dices que la Quequé que va a la universidad no es realmente quién eres, y que la Quequé verdadera -aquella que vive en el fondo de tus entrañas- sale a la luz cuando el sol se va.
 
Y yo te digo que no puedo soportar esa idea. Que yo también adoro la sensación de tener el mundo en las manos, me encanta la inhibición que traen las luces intermitentes y las copas de colores, y sobre todo, el éxtasis de estar así tú y yo, hasta que nos despierte el deber de ir a Novoli cuando vuelva el sol. Pero esa no soy yo. Poppy no es Poppy sin barreras, límites, cercas... impuestas desde la consciencia. Sí forma parte de mí ser saltármelas, pero siendo consciente de ello.
 
Yo también toco el cielo por las noches después de pasar todos juntos buenos ratos en tu casa, Quequé, pero no asumo como núcleo de mi ser las locuras que puedan pasar en esas noches. Las personas deleznables que podemos llegar a ser cuando decidimos ser salvajes no somos tú y yo. Sé de buena tinta que somos aquellas chicas que pasan una tarde en Le Cascine meditando tranquilamente mientras los castores se bañan en las orillas del Arno.
 
Vale, hay una chispa rebelde y desenfrenada en lo más profundo de nosotras. Pero no es nuestra esencia fundamental. Quequé, te concedo explotarla y divertirnos por Firenze, pero no te pierdas por las calles empedradas, porque mañana por la mañana tenemos que ser nuestra mejor versión: la más auténtica.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Miedo

Ese instante suspendidos en el aire: cuando acabamos de saltar desde una altura considerable al agua y empezamos a notar la caída. Ese miedo fugaz que nos sobreviene sin avisar. Podemos reírnos antes de saltar, o cuando ya chapoteamos abajo... pero ese segundo de pavor no podemos remediarlo.

Ahora prolonga ese momento: estíralo y estíralo cuanto quieras, como un chicle. Y ponte a pensar. ¿Me haré daño? ¿Estará fría? ¿Habrá piedras en el fondo? y otras miles de preguntas que no importan, porque al final el agua estará fresquita, y si acaso te darás un ligero planchazo que no será para tanto.

Pero el miedo es natural. Y pese a que yo no he venido a este valle de lágrimas a sufrir sino a pasármelo bien, a veces también tengo miedo. Porque aunque sé que lees los párrafos muy despacio, es posible que acabes mi libro y no te convenza.

 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Guardo sólo lo que yo quiero

Yo iba en un tren sin maquinista,
mi barco irremediablemente se me hundía
y los mandos de mi avión estaban rotos.
 
¿Dónde están los días que no llegan?
 
Caminaba descalza por gravilla, y mis pasos lloraban silencios de meses y meses. Entendí el vacío del espacio, y rellenasteis lo restante con explicaciones. Nadie y todos tienen culpa: c'est la vie.
 
¿Dónde está la calma que pedía al principio del principio?
 
Corría ladera abajo sin control, y un manto azul y siete estrellas me miraban caprichosos. ¿Volveremos a encontrarnos algún día? En un pedazo de cuero guardo sólo lo que yo quiero. No sabemos dónde estamos, pero no importa porque no paramos de movernos; quizá cuando me detenga a respirar consulte el mapa, pero por ahora queda aire en mis pulmones: P A R A  G R I T A R lo que me apetezca.
 
¿Dónde guardas el apetito de mundo?
 
No sé hacia donde voy, ni hacia donde vas, ni hacia donde vais... pero espero veros por el camino. La vida nos depara muchas cosas: más de cuatro soles y menos de cien mil heridas. Y lo que tenga que ser será, siendo imposible saber si le era posible ser otra cosa.
 
Abrochaos el cinturón, porque he tomado el mando en la locomotora; ayudadme a achicar el agua en este bote, y recordad cómo se abre un paracaídas.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Ya está. Buenas noches y hasta pronto

No importaba que llevara no días ni meses, años, preparándome para este momento: la muerte siempre nos pilla por sorpresa.

Con un simple "ya está" supimos que te habías ido. Y aunque no ha pasado ni una semana, sigo con la impresión de que todo pasó ayer mismo, o esta mañana incluso. Si, eso es, fuimos esta mañana todos en silencio en el coche. Miraba yo al oeste, y aunque nadie más parecía fijarse, yo sé que era tuyo, era tu atardecer. Era el atardecer más bonito que he visto en mi corta vida. A su vez, el silencio era ensordecedor, propio de un día nevado de invierno, no de finales de agosto. Y al llegar al destino nos invadió una oscuridad cálida y aquel silencio aturdidor quedó roto por nuestras miradas de desolación.

Te ví entonces sentado al borde de la piscina, con tu sombrero de tela embutido hasta las orejas, con el pantalon corto arremangado de aquella forma tan graciosa, leyendo a la sombra de los pinos tu ABC. Y las lágrimas acudieron a mí como imanes al verte a la vez en aquella cama blanca y blanda, dormido para siempre. Estabas después con Patricia, con Miguel, con Juana y conmigo en la mesa de piedra, sacabas un martillo y la bolsa de las almendras y piñones, y nos enseñabas a partirlas sin que se rompieran. Y a la vez caían mis lágrimas del tamaño de los piñones que partíamos en aquella mesa. Y mientras miraba tu cara tranquila, te recordé sentado en aquel banco de la Plaza de Chamberí sonriendo al vernos salir de una tienda la primera vez que compré algo, con las 100 pesetas que me diste.

En fin, he visto el humo, he contemplado el polvo, he llorado la sal y atesoro el recuerdo de tí. Hasta pronto, Abuelo Guimo.

miércoles, 1 de mayo de 2013

APLAUSOS

Se apagan las luces. Silencio en el bastidor. O eso intentamos. ¿Por qué tenía yo tantos nervios? Yo estaba abajo, siguiendo el guión con la luz que se filtraba por la cortina; pero me sentía como si estuviera en la mesa de arriba, viendo el resultado, y sufriendo, a mi juicio, el papel más importante y el menos lucido de todos. 

Y salí a escena, sin mucha seguridad, intentando no hacerlo muy mal... y me fui de escena, a mi parecer, sin haber dejado mucha huella en ese público que se reía tanto. Pero aún quedaba un buen rato, teníamos muchos chistes guardados en la manga, y no tardaríamos en utilizarlos.

Arriba todo se ve con mucha más calma que dentro del bastidor. Será que la distancia nos da perpectiva, y que nuestra obra parecía ya encarrilada. Y suena música, y nos sonreímos (ya sea a los focos o a la oscuridad) mientras ellos bailan al son tontorrón de mi piano...

Y toca bajar. Y no sé porqué, pero fue distinta esta nueva aparición. Quizá cuando uno nota que algo se va acabando desespera intentando asirse a ello y disfrutarlo como mejor pueda. O a lo mejor era simplemente que estaba más cómoda, haciendo el payaso para que los demás lo pasaran bien, como a mí me gusta. "¿Que a qué he venido? ¡Pues a verte! ¡¡Y traigo una carta de recomendación!!"



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¿No sentísteis eso? ¿No notásteis como el mundo literalmente paró, me dio un par de bofetones y me dijo: "Si, guapa, eso es tuyo."? Porque yo casi ni me enteré de qué estaba pasando, y lo siguiente que recuerdo es estar llorando aturdida en la oscuridad del bastidor. 

Y después de mucho pensar, cuando por fin acabaron los tres días que culminaron mi existencia en el corto plazo, me dí cuenta de que lo que ahora voy a echar de menos no van a ser esos aplausos, sino las conversaciones en el yaris, las risas al piano, el frío del frontón, las chorradas de Ors, y las butacas de las salas C y D. Pero en particular, me dolerá echar de menos que digan que cazo ardillas, y que me enseñen cosas nuevas e impresionantes, desde el puesto más importante y menos agradecido de todos.

domingo, 10 de marzo de 2013

Acogedor

Un ascensor de madera de una casa modernista, de otra época. Con paredes de cristal a través de las cuales veía el mármol y los descansillos iluminados. Pasaba horas infinitas y cortas en la casa de techos altos viendo álbumes rojos de 1995. Y al despedirnos, al montarme en el ascensor y notar cómo éste empezaba a a bajar miraba hacia la puerta de madera donde mi nonna aguardaba saludando y tirándome besos hasta que desaparecía de mi vista.

Una espalda y unos brazos calientes, suaves, salpicados de lunares. Me abrazan. No importa si es en una calle empinada filtrando el sol por las ventanas del coche, o si es de noche al lado del radiador. No tengo frío del mundo.

Un salón con un sofá naranjita de killing, bolsas de pipas saladas sobre la mesa de cristal (alguien ya se ha comido las suyas y sólo quedan las cáscaras sobre un periódico obsoleto), una bolsa de nubes, varios pares de zapatillas de andar por casa desperdigados en la alfombra de puntitos minúsculos. Salón de lectura o soma en famila. 

Mi bureau, mi caja rosa, mis cuadernos, mi navaja suiza, mi mochila de colores, mis siete libros, la basa, las tumbonas naranjas y amarillas de la era, el magnolio, tus cartas... todos van dentro.



miércoles, 9 de enero de 2013

Curry: our own style

Todos sabemos que Poppy se fue a ultramar tras la velada en casa de el Sirio. Fue al sol y al verano, fue a encontrarse a sí misma. Allí aprendió a ver las cosas desde más arriba y a descubir nuevas perspectivas. Mantuvo el contacto con varios de los madrileños, y supo así que casi toda la pandilla había ido de viaje de veraneo a la playa: Don Dionisio, el Sirio, Rizo, Don Roger y hasta Doña Margarita. Pero a la vuelta, no sólo la propia Poppy había cambiado, sino que en Madrid bastantes cosas eran distintas también. 

Varias de ellas para bien, el grupo de amigos parecía haber aumentado satisfactoriamente: doña Agnes, el Magno y Don Paolo pasaban más tiempo del que solían con ellos. Resultó que el primero era bailarín profesional, y su especialidad eran los bailes de salón, con lo que les organizaba veladas entrañables en las que les enseñaba algunos pasos y dirigía las competiciones amistosas entre ellos (sin participar él nunca, puesto que los habría sobrepasado con creces). Y Don Paolo, hijo de artista, se dedicaba a la fotografía, y gracias a ello todos recibían con cierta regularidad en su buzón los momentos inmortalizados. Por otro lado, Doña Margarita comenzaba a dejarse ver menos por allí... 

Habían dejado de ser todos universitarios recién llegados para pasar a defenderse mejor en sus respectivos mundos. Sin embargo, siempre había alguien perdido, aunque fuera momentáneamente. Poppy no podía evitar ver la desesperación que la estuvo acechando durante el año anterior en los ojos de el Sirio. Aunque quizás sólo fueran imaginaciones suyas... El mundo se hacía cada vez más grande, y ahora tenían acceso a lugares que antes no habrían imaginado. Lo llamaban crecer, aquellos días. Y cada uno lo hacía como bien podía; en ocasiones algún batacazo era necesario: se ponían de nuevo los pies en la tierra y se amenizaba la magulladura del desengaño entre amigos.

Aquel otoño y aquel invierno de 1952 fueron intensos y rápidos. Y se sucedieron grandes veladas. Memorable fue el cumpleaños de Don Roger; al que fueron todos convidados a un bar muy informal. ¡Qué distinto era de los sitios, como "Chicote", que solían frecuentar! Allí Poppy conoció algo más a Don Paolo, y confirmó aquello de que tenía algo, aunque tardó mucho en decirle que casi perdió su avión de vuelta de "North Carolina" por uno de los telegramas veraniegos.

Les dio a todos en esos días un no-sé-qué con la gastronomía, y se aficionaron a preparar platos. En el propio cumpleaños de Don Roger, Poppy llevó un postre al estilo americano; y aprovechando el aniversario de Don Dionisio, y sin dejar que el servicio doméstico se entrometiera lo más mínimo, se organizaron todos para preparar una receta que le había recomendado a Don Paolo su hermana, la cuál vivía al otro lado del charco por aquel entonces. 

Mas la mejor anécdota culinaria fue la del paquete de curry. Asistieron todos, (gracias a los contactos de Don Dionisio en el consulado irlandés) a una cena organizada por el vicecónsul, en la que para clausurar la velada -y a modo de sobremesa- se organizó un concurso entre los asistentes. Mr. Brendan, el cuñado del vicecónsul, era el encargado de leer unas tarjetitas con preguntas, y al finalizar la noche, el grupo con mayor número de aciertos ganaría la cesta, mientras que el perdedor recibiría un paquete de curry (siendo extremadamente difícil conseguir curry en Madrid por alquel entonces). Así pues, de esta manera consiguió el grupo el dichoso paquete de curry.

Rizo los invitó a todos a su casa a disfrutar del premio.
-¿Cómo se cocina esto?- Preguntó Don Roger al llegar.
- Ah, yo no sé.- Le respondió el Sirio desde el butacón del salón levantando las manos.
-Bueno, calma calma... digo yo que habrá instrucciones.- Intervino Poppy que justo se adentraba en el salón seguida de Don Paolo.
-¡Ya estamos en ello!- Se oyó desde la cocina.
-¡Oh! ¿Habéis empezado sin nosotros, Dionisio?- Preguntó Don Paolo alzando la voz.
-Va a ser pan comido, ¡dejad los abrigos en el recibidor y venid!- Dijo Rizo desde la cocina también.

Poppy se sentó en el salón acompañando a Don Roger y a el Sirio los cuáles esperaban la llegada de Doña Margarita, y de Azahar, la prometida de Don Dionisio, que no tardarían en llegar. Efectivamente, minutos después sonó el timbre del portal, y entraron las dos.
Decidieron poner la mesa y esperar a que el resto del equipo acabara de cocinar el curry. Y por fin, tras un periódo de tiempo que les parecieron horas, salieron de la cocina dándose muchos aires Don Dionisio, Rizo y Don Paolo sacando los platos ya servidos siguiendo el orden que indicaba el protocolo.
-¡Qué bien huele!-
-¡Menudo festín oriental!-
-Pues yo nunca lo he probado, ¿cómo es?-
-Ahora verás...-
-Bueno, yo quiero proponer un brindis por...-
-¿En serio? ¿¡Hoy también!?-
-Déjalo, si a todos nos encanta que brindemos siempre por algo...-
-Ah, no. Si no queréis, no brindamos y ya está.-
-Yo si quiero, ¡venga!-
Reían todos, y tras estrellar las copas unas contra otras mirándose a los ojos y apoyándolas en el mantel tomaron todos las cucharas y se hizo silencio.
Tras unos instantes comenzó una risa nerviosa a extenderse por la mesa. Poppy no podía más y miraba a Doña Margarita con complicidad, algunos como Don Roger y el Sirio miraban al plato fijamente tratando de disimular la risa.
-Caramba... -dijo Don Dionisio al fin- es... curioso-
-Sí, cuanto menos. Yo no lo recordaba... así- prosiguió Don Paolo.
Azahar estalló en una de sus carcajadas características que resonó por todo el salón y fue el pistoletazo de salida para todos los demás: no podían parar de reír.
-¡Es como pasta pasada!- confesó Don Roger al fin.
-¿Pero cuánto tiempo había que hacerlo?-
-¡jajajaja es... es como.... jajajajaja!-
Trajo Rizo el paquete vacío a la mesa y todos lo examinaron. 
-Está en inglés.... ¿Cuánto dice que había que ponerlo al fuego?-
-Como era mucha cantidad... pone cincuenta.-
-A ver, déjame ver...- Dijo Poppy, y Doña Margarita y ella leyeron el paquete.
-¡No pone cincuenta! ¡¡Pone quince!!-
-¿Ves, Dionisio? ¡Te lo advertí! ¡Que era mucho!-
-¡Qué vas a haberme dicho, Paolo! ¡Si estabas tan entusiasmado como yo!-
-Sí, pero ya me parecía raro a mí eso de...-
-Bueno, bueno, haya paz.-Interrumpió Poppy.
-Esto está incomible- Añadió Doña Margarita mirando la masa informe ocre de su plato.
-Oh, pero yo me he reído mucho...- Decía Rizo. -Sacaré algo de la alacena, no os preocupéis.-

Terminaron comiendo una ensalada de atún espinacas y uvas pasas. Pero el incidente del curry les sacaría siempre una sonrisa al recordarlo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Era(n)

Era una llanura inmensa y ocreEran unas rocas y unas plantas forrajeras que lo recubrían todo. Y era un viento fuerte, un vendabal, en aquella inmensidad que no paraba de soplar. Era un cielo azul brillante que se veía entre las nubes, y un perro tímido que paseaba por aquel paisaje silencioso.

Hacía frío, y tus pasos sonaban como crujidos por la gravilla del suelo. En aquella tempestad seca eras la segunda parte del compás número cuarenta del Claro de Luna de Beethoven, siempre lo has sido. Y yo no podía alegrarme más, porque contigo el viento y el frío se habían marchado, y nos quedaban el paisaje y el perro.

***

Eran unas cartas que llegaban al buzón. Eran fotos de sitios lejanos que añoraban tu estancia. Eran acuarelas tímidas en momentos de euforia. Eran sellos y post-its, remitentes y sobres... puede que en correos se acaben cansando de nosotros. 

***

Eran unas katiuskas negras apoyadas en tu salón. Eran paseos de madrugada, eran juicios sin sentido con  lo que no podíamos evitar reírnos. También eran pijametas de colores que habían visto las noches con nosotros, tiradas en el parquet. Y por supuesto, eran lametones en la cara. Eran preguntas en inglés.

***

Era subir a los árboles, era salir del ascensor y ver al guitarrista, era escuchar esos acordes con mi nombre a las tres de la madrugada en el bajo blanco... Era tener la risa tonta, eran expos y arquitectos

***

Y yo era una sonrisa de oreja a oreja

lunes, 30 de julio de 2012

Terms and conditions

Therefore, we request:

-Forever linked, even bonded.
-Daily "Lifting experience"
-Daydreaming bonus
-Permanent laughter
-Romantic dynamics
-Additional nonsense

Signature ..........................         Date.............................

Once this binding document is signed, it is also requested additional effort as well as meeting the requirements disclosed above.

***

And yet, every candidate, every new meeting, every potential lover is carefully analysed and rejected. No signatures to be seen. Disagreement between the parties.

miércoles, 13 de junio de 2012

Un punto de inflexión

Salimos las dos del local. Hacía fresco fuera... y se agradecía. El guiri gordo se nos acercó un poco, y de fondo se oían canciones en falsete de los ochenta, "la Movida" con toques de modernos.

Margarita me miró, se rió un poco como quitándole importancia al asunto, y después se fijó en el guiri gordo y le miró con desdén.
-Increíble ¿Lo has visto? ¿Cómo ha chafado el momento?- me dijo mientras se sentaba en el banquito de pieda de la puerta y se quitaba los tacones que le hacían rozaduras. Llevaba un vestido azul vintage a juego.
Yo me reí y le respondí que claro que sí, que aún no me lo creía del todo. Nos reímos nerviosísimas las dos. Me senté a su lado y también miré al gordo con desgana, era británico. Nos vio a las dos mirándole y nos volvimos a reír más. Todavía se creería que queríamos ligar con él...

-Soy idiota, Caro.-Pese a que se reía, me miraba con ojos tristones mientras me decía esto. Automáticamente la corté:
-Te corrijo: somos idiotas.-
-Es verdad, somos idiotas. Las dos.-

Una ráfaga de viento nos despeinó a las dos. Y nos volvimos a reír.
-Bueno, pero cuanto más me río contigo menos triste estoy. Como que se nos puede perdonar un poco la idiotez.-  Le dije guiñándole un ojo.
-Te iba a decir lo mismo. Pero es que... ¡Aaaargh! Son tantas tonterías juntas... lo de estar solitas sin Silvia, lo del tonto ese...- Miró al suelo.

Por primera vez era Margarita la que lo pasaba mal y lo dejaba traslucir. Decidí animarla y empecé a bailar como solía hacerlo ella... El gordo empezó a mirar sin disimulo hacia nosotras. Nuestra respuesta fue reírnos aún más descaradamente.

-Venga, Margarita, lo que necesitas es bailar como si fuera tu último día en la tierra y no pensarlo más. Silvia volverá antes de lo que pensamos, y él... ¡pues ya veremos! Pero con calma.-

Volvimos a entrar en el local, y aunque no estaba siendo ningún momento de inflexión en nuestras vidas, bailamos como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente. A mí ya se me había pasado el disgusto, llevaba un chute de optimismo en las venas. A lo mejor sí estaba siendo un punto de inflexión en mi vida...






Y Marga... Marga sacó a la luz su corazoncito por una vez, pero sin que se le gastara demasiado.

T. de "Tears"

Subía por la calle Montera con un nudo en la garganta. Conseguí llegar hasta la calle Fuencarral, a la altura de la tienda de "Custo - Barcelona" sin llorar. Me recoloqué el sobrero blanco y las gafas de sol, en breves cualquiera me reconocería y tampoco tenía mucha intención de que se me vieran los ojos llorosos. El resto del camino lo hice con la cara repleta de surcos de lágrimas extrovertidas. Y mi ipod no me hizo ningún favor: sonaban canciones que de una forma u otra me recordaban a tí.

Me acordé de mis primeras impresiones que despertaste: nuestra delegada responsable, de una tarde veraniega en una tetería de Ópera donde me contaste todas tus pesquisas hasta el momento, de la vez que hablamos en el cubo el día de mi cumpleaños hace ya dos años... como si siempre hubiéramos tenido confianza la una con la otra. Me acordé de las risas que nos echábamos durante segundo de bachillerato, "Pepito S.A.", las regañinas porque no nos callábamos, la serie a la que nos enganchamos juntas y demás chorradas. 

S. & C. Lo mucho que nos habíamos apoyado

Pese a que casi me choqué contra un señor por culpa de las lágrimas, que no me dejaban ver, me reí sola acordándome de la mañana aquella de julio, las dos en bañador conversando -primero de nuestras cosas, más adelante pasando a ser "abuelas"-

En fin, supongo que incluso antes de que embarcaras en el avión yo ya te echaba de menos. Y de cada cinco imágenes que aparecen en mi fondo de escritorio, sales en tres, pero eso ya estaba de antes...  Confío en tener noticias de tí, y que sean buenas.