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lunes, 6 de febrero de 2012

De aquí para allá

"¡¡¡Aaaarrrgh!!!" Eso soy yo gritando por el pasillo de casa. Ese pasillo lleno de marcos blancos que se han ido multiplicando en los últimos años y que reflejan un poco nuestra identidad como familia. 
Ni un día. No han sido necesarias más de 24h para borrarme las ideas. Y por eso grito. Tenía la cabeza como cuando hago huevos pasados por agua y el cacharro empieza a hacer ruido y a avisar de que se va a poner toda la vitrocerámica perdida de agua... Vamos, que tenía muchas ideas sobre las que escribir.

"¡¡*@#x-+!! Podía haberme inventado una historia de dos amigas que van a tomar algo y hablan de la regla del 100%, podía haber contado algo tonto sobre no poder dormir o aventuras sin más: lejos o cerca de Madrid. Y en vez de eso... ¡¡me quedo en blanco!!"

Y eso también soy yo, quejándome en voz alta a las paredes. Voy arrastrando el puf rojo de mi cuarto al salón, pasando por el pasillo. Me siento. Me enfurruño. Saco la arruga esa que me sale en la frente, entre las cejas.

Y luego, sin previo aviso, paro. Relajo la cara y como si de un trastorno bipolar se tratara, sonrío. Se va de un extremo a otro en menos que canta un gallo. De la felicidad absoluta, a un "tierra trágame", pasando por "¡mato a alguien!" para acabar de nuevo en la felicidad esa tan cómoda y plena... y todo ello en tan solo un fin de semana. Yo creo que se me ha pasado el enfado porque me he acordado de porqué me he quedado sin ideas y ya no me importa tanto...

lunes, 30 de enero de 2012

UN PILAR DE PARMESANO- Acto III

Vuelve a ser el escenario del Acto I. Todos llevan zapatos de charol nuevamente. A la derecha están Don Pedro, Don Fernando y un tercer caballero. La famosa pareja está al fondo a la izquierda, al lado del gramófono (del que suena música de ambiente). Al fondo y en el centro, hay un mueble bar con un camarero muy elegante. Mr. Jersey aparece en escena por la izquierda, va vestido con una gabardina ocre y una bufanda oscura, deja las prendas en un perchero cerca de los tres caballeros de la derecha.

MR. JERSEY- Buenas, caballeros. Como ven, al final decidí venir.
DON PEDRO, DON FERNANDO Y EL TERCER CABALLERO- Bienvenido, bienvenido.
DON PEDRO- A Mr. Jersey. ¿Complicado el trayecto?
MR. JERSEY- No, sólo hubo una abuelita que no me dejaba pasar en el ascensor. Pero con el ruido de la maquinaria se ha apartado y no he tenido más problemas...
DON FERNANDO- A Don Pedro con mucho interés y sin prestar atención a Mr. Jersey. Y las otras, ¿Cuándo llegan? Dijiste que hablaste con ella, ¿Le contaste que volvía de ultramar?
DON PEDRO- Si, creo que algo mencioné al respecto. No tardarán en llegar, Feo. Descuida. Con satisfacción. Y esta vez está todo mucho más organizado: tengo cosas para enseñar y ¡¡no pienso intentar regalar nada!!

Suena el timbre de la puerta, Don Fernando corre a abrir. Aparecen dos chicas, que no son Doña Clotilde y Doña Flor. Apesadumbrado, Don Fernando les cierra la puerta en las narices.

DON FERNANDO- Pues no eran ellas, y yo no quiero más gente aquí, que esto ya está muy lleno. Mira con aire perdido al su alrededor y repara en el mueblebar y en su camarero. ¿Bebemos?
DON PEDRO- No es mala idea, así vamos creando ambiente. A Mr. Jersey ¿Ud. qué toma, señor...? 
MR. JERSEY- Mr. Jersey. Un gintonic, por favor.
DON PEDRO- ¡Ah! Pues como nuestro amigo aquí Don Alessandro. Aunque dice ser un alternativo.
DON ALESSANDRO (TERCER CABALLERO)- Anda Don Pedro, no se burle de mí, que lo profundo tiene muchas facetas y sabe convivir con lo cotidiano y lo vulgar. Tomaré un gintonic también.
Marcha Don Pedro a por las bebidas. Dejando a los tres caballeros en un silencio incómodo. 

MR. JERSEY- ¿Y ustedes vienen mucho a estas fiestas?
DON FERNANDO- Soy un habitual,aunque hacía tiempo que no podía asistir por mis viajes de ultramar. Don Alessandro no es tan forofo, sólo desde que volvió de Italia de visitar a su "nonna".
DON ALESSANDRO- ¿Y ud. cómo es que está aquí?
MR. JERSEY- Ya ven, cosas del momento. Estaba con mi prometida cuando apareció Don Pedro y me invitó.

Vuelve Don Pedro acompañado del camarero que lleva las copas. Cada uno coge una para inmediatamente asentir, sonreír e intercambiárselas. Justo en ese instante vuelven a llamar a la puerta. Don Fernando se apresura de nuevo. Son Doña Flor y Doña Clotilde.

DOÑA FLOR- ¡Don Fernando! Con auténtico asombro ¿Qué hace usted aquí? A Doña Clotilde, que está petrificada mirando a Don Fernando. Mira Cloti, ¡es Feo!
DOÑA CLOTILDE- Vaya, qué sorpresa... Don Fernando la besa en la mano.
DON FERNANDO- ¡Qué placer volver a verla, Cloti!. Como en los viejos tiempos, ¿verdad?
DOÑA CLOTILDE- Confusa. Claro, como en los viejos tiempos.
Se acerca Mr. Jersey a las dos recién llegadas, saluda cortésmente a Doña Flor, y ante el asombro de Don Fernando, besa a Doña Clotilde en los labios.

MR. JERSEY- Hola darling, ¿Todo bien?
DOÑA CLOTILDE- Recomponiéndose del shock. Si, claro. Ha sido difícil encontrar los zapatos de charol... ¡hacía tiempo que no los usaba!
DOÑA FLOR- A Don Fernando. ¿Está por aquí Don Pedro? Tengo que saludarle, y comprobar que todo esté en orden esta vez.
DON FERNANDO- Todavía mirando a Doña Clotilde y a Mr. Jersey. Claro, sígame Doña Flor, que la llevo con él.
DOÑA FLOR- Encantada. ¡Ay, qué bien! Pero tutéame anda, Feo.
MR. JERSEY- Cayendo en la cuenta. ¿Feo? ¿Es usted...? Mira a Doña Clotilde, que sonríe forzadamente y calla su discurso artificialmente. Acabo de olvidar lo que iba a decir.

Van Don Fernando y Doña Flor hasta donde están los otros dos caballeros. Quedan Mr. Jersey y Doña Clotilde al lado del mueblebar charlando y tomados de las manos.

DON PEDRO- ¡Doña Flor! Es fantástico verla. Ve que esta vez he preparado todo con primor ¡eh!
DOÑA FLOR- Ríe. No lo dudaba, para nada lo dudaba. Pero quiero inspeccionar el resto de la casa, seguro que se ha olvidado de atar con lazos rojos los espejos...
DON PEDRO- Con aire misterioso. Ahh... ya verá, acompáñeme que se va a llevar una grata sorpresa.
Hacen mutis

DON ALESSANDRO- ¿Y estas quiénes son? Porque parece que aquí todos se conocen de otras veces menos yo...
DON FERNANDO- Le pondré en situación: Don Pedro y Doña Clotilde Señala con la cabeza a Doña Clotilde que sigue hablando con Mr. Jersey son primos lejanos, y Doña Flor -esta señorita que se acaba de ir con Don Pedro- es íntima amiga de Doña Clotilde. Coincidimos hace un tiempo los cuatro en una fiesta, y Don Pedro lleva desde entonces organizando fiestas para ver a Doña Flor, de la que sigue completamente enamorado.
DON ALESSANDRO- ¿Y ud. qué pinta en todo esto?
DON FERNANDO- Yo... Con aire entristecido yo no pinto nada en todo esto. Soy el mejor amigo de Don Pedro... y Doña Clotilde una vez me quiso, o eso creo yo.
DON ALESSANDRO-¡Pero ahora está con el caballero ese! ¿Le duele el asunto este? ¿Cambiamos de tema?
DON FERNANDO- No tanto como me duele lo complicada que es la estructura del diente de león. Estoy trabajando en ello desde hace un tiempo.

Poco a poco, Doña Clotilde se ha ido acercando a los dos caballeros y ha dejado a Mr. Jersey en el mueblebar bebiendo su copa.
DOÑA CLOTILDE- A Don Alessandro. Buenas, creo que no hemos sido presentado.
DON ALESSANDRO- Discúlpeme. Alessandro DiParma, amigo de Don Pedro, llegado desde Roma en un avión esta mañana.
DOÑA CLOTILDE- ¡Oh, qué bien! Me encanta Italia ¿le está gustando la fiesta? Las ha habido mejores, créame. Mirando a Don Fernando.
DON ALESSANDRO- No está nada mal, si señor. Pero en Italia nos gusta añadirle parmesano. Si me disculpan, voy a preguntarle al amable camarero si tiene parmesano. Marcha al fondo.

Se miran Don Fernando y Doña Clotilde, y sonríen apenados.
DOÑA CLOTILDE- ¿Qué pasó, Feo? ¿Por qué no respondiste a los recados que dejé en la centralita?
DON FERNANDO- Verás Cloti, marché a ultramar. Era invierno, hacía frío... Pero te he echado de menos. Mucho. Mirando a Mr. Jersery ¿Cuándo os casais?
DOÑA CLOTILDE- Queda mucho, seis meses. Pero sólo tenemos el pastel.
DON FERNANDO- No te cases, Clo. Es como atarse a un poste y caminar así por la calle. ¡Quédate conmigo! Ya sabes que no te aburrirás.
DOÑA CLOTILDE- Feo, ya te esperé mucho. Doña Flor me echaba la bronca por seguir telefoneándote todos los días. Y me da pena, porque ya sabes que a mí me gustan todas las historias... y la nuestra fue muy bonita. Si al menos hubieras respondido algo...
DON FERNANDO- ¡Pero es que en ultramar no tienen teléfonos! No podía contactar contigo... Piénsalo bien, yo seré tu diversión. Me quieres, y lo sabes; desde el día en que bebimos juntos y te conté mi secreto. Pero ahora prefieres la comodidad del señorito ese...
DOÑA CLOTILDE- No es verdad... bueno, cierto que te eché de menos, y te quise. Pero ya no quiero eso, ya no quiero bohemios, lo sabe bien Doña Flor, pregúntaselo. Tú has sido... has sido "mi Feo". Pero ha llegado el momento de avanzar y de cosechar ruedas dentadas... Lo siento, de verdad.

Mr. Jersey está dado la vuelta mirando al mueblebar y charlando animadamente con Don Alessandro, y Doña Clotilde aprovecha para darle un beso de despedida a Don Fernando. Se miran y sonríen con complicidad.

DON FERNANDO- Llámame cuando te aburras y quieras beber algo distinto.
Vuelve Doña Clotilde con Mr. Jersey y Don Alessandro con Don Fernando.

DON ALESSANDRO- He visto que hablaban mucho. ¿Cómo ha ido? Le veo relajado.
DON FERNANDO- Mirando a Doña Clotilde. Ella me ha olvidado, sé que yo también lo conseguiré... pero no tengo una tarta delante para hacerlo felizmente.
DON ALESSANDRO- Ah... le donne, son tan complicadas. En Italia se rizan las pestañas y no podemos vivir sin ellas. Ya te presentaré algunas.
DON FERNANDO-Ah, pues eso es interesante... Sonríe dejando de mirar a Doña Clotilde. Esta fiesta está un poco apagada, le dejaré una nota a Don Pedro y así podremos irnos a buscar complicaciones a otro lado, ¿Le parece?
DON ALESSANDRO- ¡Por supuesto! Gran idea...
Saca Don Fernando un papel y un bolígrafo de su americana y se dispone a escribir una nota. 

Aparecen Don Pedro y Doña Flor por la derecha riendo sin parar.

DOÑA FLOR- ¡Claro que sí! ¡¡Claro que si!! ¡Cloti, Cloti, te dije que lo haría! Ya somos dos, digo cuatro que nos casamos!
DON FERNANDO-A Don Alessandro. A ver si con esto deja de ser una borde.
Doña Clotilde y Mr.Jersey les dan la enhorabuena con mucho entusiasmo. Las dos chicas se abrazan.
DON PEDRO- ¡Conseguido, Feo, conseguido! En cuatro meses me verás atado a un poste, como dices tú.
Don Fernando le da un fuerte abrazo y al despegarse pone cara de asombro.
DON FERNANDO- ¡Espera un momento! ¡Esto quiere decir más fiesta! ¡Habrá que celebrar tu despedida de soltero! Y será por todo lo alto... El señor Parmesano y yo lo organizaremos. ¡Y todos iremos con zapatos de charol!