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martes, 12 de febrero de 2019

Baby girl

Baby girl, ¿qué haces tan sola en la calle, a estas horas, en esta noche tan oscura?

-Cállate, Lobo.

Baby girl, vete a casa ya. Ésta no es tu calle, ésta no es tu ciudad y ésta no es tu noche.

-He dicho que te calles. No me das miedo.

Baby girl, dices que no te doy miedo, pero agarras tus llaves como si no hubiera un mañana, como si de verdad te fueran a proteger. Veo cómo aprietas el paso. ¿Qué haces tan sola? ¿Por qué estás aquí? ¿Qué intentas demostrar?

-La noche no siempre fue sólo tuya. Y la voy a recuperar.

¡Ay, Baby girl! Tu pulso es un zumbido, debajo del abrigo eres un charco de sudor, y a cada esquina que doblas giras la cabeza buscando la más mínima señal... ¿Es ésto lo que quieres? Vuélvete a casa en taxi, en metro, en autobús... Búscate compañía para pasear, pero esto no. ¡Enciérrate! Eres un cordero en una bandeja de plata, y ninguno de los planes que has urdido en tu cabeza van a sacarte de los millones de desencuentros hipotéticos que has previsto. ¡Corre! ¡Huye! ¡Fuera de aquí! ¡Éste no es tu sitio, Baby girl!

-Te digo que no. Que la noche fue mía, que yo antes miraba a la luna a la cara, que los reflejos nocturnos en el río han sido míos, y que antes de que me miraran los ojos del carbón mi pulso era un adagio. ¡Que esto no es justo! Que ni yo, ni ninguna lo hemos pedido! ¡¡Que no lo queremos!! ¡¡Que no es justo!! ¡¿Me oyes?! ¡¡Que quiero mi noche de vuelta!! ¡¡¡Que no pienso amedrentarme!!! ¡Que me gusta pasear cuando todo el mundo está durmiendo! ¡¡¡Que no quiero ver el peligro en cada alcorque, en cada cara y cada sombra!! ¡Que te marches! ¡Que me dejes dar mi paseo, porque lo he escogido yo, con el mismo derecho que tienes tú! ¡¡Qué me dejes!! ¡¡¡Que me dejes!!! ¡¡¡QUE ME DEJES!!!

***

Londres se ha dormido, y en la orilla sur del Támesis sólo se oyen tus pasos. Van tranquilos, contentos y confiados, como tú. Como yo. Mira como se refleja ese autobús rojo en el agua. Mira las luces de las farolas... y como las hojas amontonadas descansan a un lado. También hay una rata escondida en ese seto, pero bueno, la noche tiene cosas más y menos agradables, pero las puedes ver todas. Y también puedes volver a casa, mujer.

jueves, 29 de septiembre de 2016

¿Y qué?

-¿Y qué?
-¿Cómo que "y qué"? ¿No notas la presión?
-¿Qué presión?
 
[No, la verdad es que nunca me había parado a pensarlo. Desde que decidí volverme un hippie y vivir cantando en los vagones de metro contra todo pronóstico, contra todo comentario entrometido, plano y cerrado de mente... me da igual. Respecto de lo importante me ha dado igual.
 
Y paradójicamente siempre me ha importado mucho. Pero sólo en cuanto a las cosas superficiales, las que en realidad no importan. ¿¡Cómo viste!? ¿Has oído lo que ha dicho? ¡Es de un tonto! ¡Horrible!
 
Desde hace mucho tiempo, he querido ser capaz de hacer nudismo en la playa y que me diera igual (¿Qué más da, no?). Y es que esa estupidez me haría inmensamente feliz. Pero todavía no puedo (y eso que imagino que cuerpo tenemos todos y que las diferencias serán bastante insignificantes). Ahí sí que hay una presión tonta, absurda, sin sentido... pero que no se va. Hay miles de situaciones en las que las inseguridades llegan, se acomodan, se hacen grandes... pero eso me pasa a mí, y te pasa a tí, y le pasa a cualquiera que pasee por esta estación de metro (que son muchos).
 
Pero respecto de aquello que toca esa fibra más profunda de mi existencia no me doy por aludido: para todo aquello hago oídos sordos. Y no me había enterado (aunque no sé si no me había enterado de que hacía oídos sordos, o de que incluso para lo importante había algo frente a lo que hacer oídos sordos). Y me alegré muchísimo de haber sido tan ignorante.]
 
-Tu futuro es tuyo, y ya está. ¿Eres feliz con lo que haces? ¿Eres feliz con lo que quieres hacer? Pues hazlo, o ve a por ello. Y si la respuesta es "no", deja de hacerlo, busca otra cosa. Pero no midas lo feliz que eres por la aprobación ajena, porque eso es un auténtico suspenso en felicidad.
 
Claro, a todo esto, yo sigo haciendo nudismo en mi piscina... donde no me ve nadie. Pero poco a poco uno consigue volverse más sordo.

miércoles, 27 de enero de 2016

Lo prometo

-Prométeme que no volverás a pedir más de lo que sabes que no puedes pedir.

-Lo prometo.

-Bueno, en un rato lo volverás a hacer, pero al menos serás consciente de que las cosas son así y así se quedarán. La frustración no es una opción. Bien.

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Yo a ti no te debo nada. Y tú a mí tampoco. Finito. Con calma y sin enrevesar las cosas. ¿Para qué? Tenía que darme igual desde hace mucho, pero bueno, mejor ahora que jamás. Ahora es una mosca que vuela cercana y su zumzum no molesta. Antes daba miedo: si abríamos la venta la mosca podía estamparse contra una pared. (...) No, no es una buena metáfora. Tampoco importa, estamos borrachos. Sobre todo yo. Literalmente.

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Prometo tener las cosas claras. No me importarán las nimiedades. Ahora sólo va a pasar una vez (por eso escribo "sólo" con tilde, la vida consiste en eso) y hay que aprovecharlo. Tienes razón, cuando soy liviana todo es muchísimo mejor. Y os veo más. Y los dolores duelen menos. Y las noches son más claras y los días más justos.

Gritaría todas las cosas que salen de ideas que intento acallar. Todos tenemos miedos. Todos los gestionamos de mil maneras distintas. Distintas como son las caras que tenemos al salir a la calle cada día de nuestra vida. Y como hace demasiados meses que no me siento callada a mirar al infinito durante veinte minutos tomando consciencia de esos miedos, y esas caras, y esas peticiones vitales que habitan en lo más hondo, profundo y secreto de mi ser...


...me voy a la cama. Lo prometo.

jueves, 16 de abril de 2015

Entonces, ¿Quién soy yo?

Desde que tuvimos nuestra conversación no he podido parar de pensarlo: entonces ¿Quiénes somos en realidad?
 
Quequé, tú dices -poniendo esa boca de piñón propiamente francesa- que esa es la Quequé auténtica. Dices que tu esencia radica en los insultos nocturnos, en la ausencia de barreras, en la libertad. Dices que la Quequé que va a la universidad no es realmente quién eres, y que la Quequé verdadera -aquella que vive en el fondo de tus entrañas- sale a la luz cuando el sol se va.
 
Y yo te digo que no puedo soportar esa idea. Que yo también adoro la sensación de tener el mundo en las manos, me encanta la inhibición que traen las luces intermitentes y las copas de colores, y sobre todo, el éxtasis de estar así tú y yo, hasta que nos despierte el deber de ir a Novoli cuando vuelva el sol. Pero esa no soy yo. Poppy no es Poppy sin barreras, límites, cercas... impuestas desde la consciencia. Sí forma parte de mí ser saltármelas, pero siendo consciente de ello.
 
Yo también toco el cielo por las noches después de pasar todos juntos buenos ratos en tu casa, Quequé, pero no asumo como núcleo de mi ser las locuras que puedan pasar en esas noches. Las personas deleznables que podemos llegar a ser cuando decidimos ser salvajes no somos tú y yo. Sé de buena tinta que somos aquellas chicas que pasan una tarde en Le Cascine meditando tranquilamente mientras los castores se bañan en las orillas del Arno.
 
Vale, hay una chispa rebelde y desenfrenada en lo más profundo de nosotras. Pero no es nuestra esencia fundamental. Quequé, te concedo explotarla y divertirnos por Firenze, pero no te pierdas por las calles empedradas, porque mañana por la mañana tenemos que ser nuestra mejor versión: la más auténtica.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Miedo

Ese instante suspendidos en el aire: cuando acabamos de saltar desde una altura considerable al agua y empezamos a notar la caída. Ese miedo fugaz que nos sobreviene sin avisar. Podemos reírnos antes de saltar, o cuando ya chapoteamos abajo... pero ese segundo de pavor no podemos remediarlo.

Ahora prolonga ese momento: estíralo y estíralo cuanto quieras, como un chicle. Y ponte a pensar. ¿Me haré daño? ¿Estará fría? ¿Habrá piedras en el fondo? y otras miles de preguntas que no importan, porque al final el agua estará fresquita, y si acaso te darás un ligero planchazo que no será para tanto.

Pero el miedo es natural. Y pese a que yo no he venido a este valle de lágrimas a sufrir sino a pasármelo bien, a veces también tengo miedo. Porque aunque sé que lees los párrafos muy despacio, es posible que acabes mi libro y no te convenza.

 

viernes, 22 de agosto de 2014

¿Queda esperanza?

"Parece mentira que en un sitio tan bonito se puedan cometer unas atrocidades así" pienso.
 
Brilla el sol, y hace bastante calor; el aire es limpio y los árboles que rodean el complejo dan frescor. Hay unas casas de ladrillo rojizo muy bonitas que podrían pertenecer a una urbanización de Gran Bretaña... pero de alguna manera dentro de esas casas se palpan aún los horrores de épocas pasadas.
 
Sólo los optimistas sobreviven.
 
 
Caminamos por uno de los cementerios más grandes del mundo: un recordatorio de lo que el hombre es capaz de hacerle a otro hombre sólo por el hecho de considerarlo diferente. Y no es cosa de un único individuo, es la maldad institucionalizada.
 
Mientras paseo por los barracones reflexiono sobre muchas cosas: "No es una historia de miedo, es real. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Por qué siguen pasando? ¿Por qué parece que precisamente aquellos que deberían recordar mejor la historia se olvidan de ella y la repiten? ¿El ser humano es esencialmente malo o es que se desvía por el camino?"
 
Soy incapaz de responderme a muchas de las preguntas y eso quizá es lo que más vértigo da: ¿queda esperanza?; sólo puedo guardar unos minutos de silencio al final de la visita por todos aquellos que ya no están; puedo despedirme finalmente de Anna y Margot; y simplemente asumir la suerte que tuvo mi familia.

sábado, 16 de agosto de 2014

Manrique tenía razón

Me pides que me levante y mire por la ventana, que huela el aroma de tostadas y café que llega desde la cocina. Y yo, obediente, lo hago. En ese momento uno se siente vivo. Pero también me siento vivo cuando me caigo al suelo y sangro, o cuando enfermo. Estar vivo tiene cosas buenas y malas, al fin y al cabo.
 
Sé que tú buscas el Presente, el "ya" que justo acaba de marcharse para dar paso a otro "ya" -que a su vez también se ha ido-. Sin embargo, estas líneas no iban dirigidas al "Hoy", yo quería hablarte del "Ayer", del "Hace Dos Años", y del "Hace Cien".
 
¿No te has preguntado nunca por qué el Pasado tiene ese aura de romanticismo y de misterio que el Presente no posee? ¿Por qué al volver la espalda nos encontramos con un abismo inabarcable de grandeza en aquello que ya pasó? Yo supongo que es porque lo que se ha marchado ya no se puede re-examinar. Atesoramos nuestros propios recuerdos de forma que olvidamos las penurias, o las engrandecemos (pero en estos casos equiparándolas a hazañas), y poco a poco pasan a formar parte de ese bagaje de cariño que nos acompaña siempre: nuestro "yo pasado" nunca nos abandona, aunque puede que a veces lo olvidemos un poco.
 
Me preguntas ahora por los siglos que ya se han marchado; por las guerras cuyas paces ya han sido firmadas; por las atrocidades que ha cometido el ser humano contra otros, contra sí mismo; pero también por los logros ya alcanzados... Y yo mojo las tostadas en ese café tan bueno y te digo que sigo pensando lo mismo. ¿No son todas esas cosas monstruosamente grandiosas? No se pueden volver a ver, porque el Presente sólo pasa una vez, y por ello, deberemos percibir todos esos sucesos tal y como quedaron grabados en su momento. Y como muchos de esos hitos históricos no los hemos podido contemplar porque no estuvimos allí... podemos venerarlos, exagerarlos, impresionarnos.
 
¿Recuerdas aquella noche tormentosa de hace cuatro años, cuando caminábamos en grupo por Praga siguiendo las vías del tranvía buscando el camino de vuelta? ¿Y la risa que nos dio cuando nos preguntaron en el Parque del Oeste si colgar hamacas de los árboles era cómodo? ¿No sonríes con malicia cuando recuerdas que hace apenas unas noches cometimos un acto vandálico y robamos uno de los números del portal de Paolo? Todos esos recuerdos también nos hacen sentir que estamos vivos, que en el fondo seguimos siendo esas personas capaces de vivir aventuras.
 
Pero Poppy, tienes razón, no puedo perder el placer de degustar estas tostadas entre tantos recuerdos.
 
Me reconforta saber que, al acabarme las tostadas, éstas han pasado ya al Pasado.

martes, 29 de julio de 2014

Ya basta

¿Nunca te enseñaron en el colegio a no discriminar? A mí sí, pero creo que al señor Mas y a otros tantos que andan sueltos destruyendo mi sociedad y mi país, no.

Yo entiendo que haya que preservar la cultura, cuidar las tradiciones, lo propio, aquello que nos enorgullece y que nos enternece. Yo soy la primera que lloro al escuchar unas habaneras, y que, al oír hablar a alguien en catalán siento como si estuviera en casa.

Sin embargo, llega un momento en el cual, el nacionalismo pasa a convertirse en un nazi-onalismo. Sí, quizá piensen ustedes que exagero, pero en el momento en que se deja muy claro que “tú no eres de aquí” y “tú nunca serás de aquí” se está discriminando, se está negando un sentimiento y además, se está empobreciendo una sociedad. ¿Qué será lo siguiente, cosernos la estrella de David en el hombro como si estuvieramos en 1933? Porque ya han traspasado ustedes la delgada línea entre ensalzar su cultura y denigrar a aquel al que consideran extraneus. ¿No ven ustedes la fuga de intelectuales catalanes que se está dando? ¡Se marchan! ¡Por ser tan estrechos de miras pierden ustedes a una parte importantísima de su sociedad! Aunque si sólo les interesa la economía también pueden ustedes mirar cuantas empresas están cambiando su domicio social a otras partes de la península...

¿Qué quieren ustedes? ¿Autonomía? ¿Otro tipo de financiación? ¿Independencia? ¿Acaso no se dan cuenta ustedes de que sus políticos les mienten? ¿No entienden que cuando les dicen que ¡Madrid ens roba!” son ellos los que abren las arcas de Cataluña y roban a manos llenas sin ningún tipo de pudor? Sólo espero que recuerden que papá-Estado no es aquello que les venden sus políticos, sino que es la base que impide que ustedes caigan: no es viable la independencia (y sus políticos lo saben). Y como comprenderán no creo que tengan ningún derecho a explotar de forma privilegiada los recursos del Estado como si fueran los únicos contribuyentes de este país.

Supongo que es difícil mantener la cabeza fría cuando desde el colegio te enseñan que la Guerra de Independencia (1808) se llama la Guerra del Francés; y me imagino también que es difícil no dejarse llevar por unos cuantos, que hacen mucho ruido, que prometen un futuro mejor y achacan la situación actual al Gobierno Central. ¡Qué provinciano! ¡Qué sensacionalista! ¡Qué vergüenza!

Por primera vez en veintiún años que llevo viniendo a Barcelona he sentido vergüenza. Vergüenza ajena por este adoctrinamiento arraigado y vergüenza propia por haberme sentido en algún momento parte de esta cultura. He llegado a sentir repulsión hacia un sitio que yo consideraba mi segundo hogar. Enhorabuena, han conseguido que en mi propia tierra, allá de donde proviene mi sangre, me sienta extranjera. Ya basta.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Rojo, Azul y Piedra

(Están Rojo y Azul sentados en un banco del parque. Al fondo hay una piedra. Rojo dibuja distraído con un palo en la arena del suelo)

-¿Qué haces?
-Nada.
-¡¿Qué haces?!
-Ya te he dicho que nada.
-No me lo creo.
-No me importa.
-Va, ¿qué haces?
-Cosas...
-Ya veo.
-Y si ves, ¿Para qué preguntas?
-Para que lo veas.
-¿Ver el qué?
-Lo que haces.
-Ah.

(Una pausa)

-Pero eso ya lo veo yo.
-No.
-¿Cómo que no? ¡Para eso ya lo estoy haciendo yo!
-Pero es que tú no quieres verlo.
-¿Por qué?
-Ya lo sabes.
-No, no lo sé.
-Pues ya lo sabrás.
-Vale.

(Otra pausa)

-¿Qué quieres?
-Lo mismo que tú.
-Mentira. Se te acelera el pulso.
-Vale.
-¿Qué quieres?
-Otra situación.
-¿Cuál?
-Ya sabes. Irme a esa esquina. Tropezar un poquito. ¿Tú no?
-No. Ni una pizca. Tropezar está feo.
-Pero es más divertido que estar aquí sentados.
-Pero está feo.
-Vale.
-¿Vas a tropezarte?
-No lo sé.
-¿Seguro?
-Seguro. Esas cosas no se saben.
-Vale.

(Tercera pausa)

-¿Pero quieres?
-Yo sí, pero tú no. ¿no?
-Si.
-¿Y qué hacemos?
-Nada. Estate quieto.
-¿Y si muevo la piedra?
-¡No!
-¿Y si la giro?
-Te olvidarás de que la has girado, te tropezarás, y te caerás.
-¿Y qué?
-Que está feo.
-Bueno.

(Cuarta pausa)

-¿Tú crees que la piedra se puede mover hasta aquí?
-No, sería raro.
-Y si viniera... ¿Me dejas tropezar?
-No. Y no va a venir.
-Pues yo quiero que camine hasta aquí.
-Pero no lo va a hacer. Es una piedra.
-A lo mejor es simpática.
-A lo mejor no.
-Vale.
-¿Por qué quieres tropezarte?
-Porque tú no quieres. Y siempre nos tienen que apetecer cosas distintas a tí y a mi.
-Ya. No me gusta.
-Voy a ir. Sólo a mirarla.
-No.
-¿Por qué?
-Porque no.
-Pues espero que venga.
-Hola.
-¿Ves?
-Vaya.
-Sólo tengo un rato.
-Ya te veíamos.
-¿Venís?
-(A la vez) Sí.
-(A la vez) No.
-Bueno, ¿Entonces?
-No vayas.
-Quiero ir. Es una piedra.
-No.
-¿Vienes?

(Sexta pausa)

-No, me quedo.

Fin

martes, 9 de octubre de 2012

Carbeleño

Cuando volví a Carbel aquel año, pocas cosas habían cambiado. La tía María seguía con su huerto y su pozo, el kioskero de la plaza seguía vendiendo "La Marmota" y las misas de los domingos por la tarde se sucedían de semana en semana.

El problema era que yo había crecido. Pasé toda mi infancia en la capital, y sólo en los veranos iba a Carbel a ver a toda la familia. Y yo tenía otra visión del mundo: conocía las carreteras comarcales, había vivido en otras ciudades del país, había ido al extranjero, sabía idiomas, conocía otras opiniones... y en Carbel todo seguía igual: la valla del señor Roberto estaba igual de rota, mis primos seguían yendo de excursión al caño del colmenero, se seguía hablando el dialecto de allí y seguían empeñados en que Carbel era el mejor pueblo del mundo.

Y yo... ¡Pues claro que sí! Carbel era el mejor pueblo del mundo. Una alegría me inundaba el pecho cada vez que cruzaba el cartel de bienvenida, todos los años acababa con un nudo en la garganta por la emoción de ver los fuegos artificiales de las fiestas de Carbel, y para mí el camino del caño era uno de los paisajes más bellos que había visto nunca. Pero aquel año yo había crecido, y ya no era el niño que bajaba a comprar helados en pantalones cortos con mis primos a la hora de la siesta; llevaba tres años en la universidad y el mundo se iba descubriendo ante mí como un concepto complejo y, en ocasiones, doloroso.  

Estaban raros, los carbeleños empezaban a exagerar con aquello de que Carbel era la mejor patria del mundo. Quizá siempre fuera así, pero hasta aquel año no me percaté de la insistencia del pueblo en el tema, mis familiares soltaban comentarios aquí y allá, y hasta el alcalde había comenzado la campaña de "Carbel hasta el infinito" como forma de promover el pueblo. El problema era que no se trataba de una mera promoción, la campaña tenía un punto de desprecio por lo ajeno a Carbel. Sin embargo, yo no le dí importancia, porque yo era uno de ellos al fin y al cabo, y Carbel era el pueblo más bonito del mundo.

-Pero es que tú no eres de aquí- me dijo mi prima Mabel tímidamente cuando volvíamos todos esa tarde de ver la feria.
-Sí soy de aquí- le respondí yo muy tranquilo.
Ante mi respuesta se rieron un poco los demás.
-Hombre, carbeleño, carbeleño, no eres, Guille. No hablas el dialecto.- dijo Joaquin.
-Ni vives aquí- añadió Alberto.
Era cierto, no vivía allí durante el año, ni hablaba bien el dialecto; pero en los últimos cuatro años me había esmerado mucho y practicaba sin descanso con el tío Javier en la capital, por no mencionar que me conocía el pueblo casi tan bien como ellos y también tenía una casa, y unas raíces -ellos- con las que identificarme.
-Bueno, ¿Y si viviera aquí siempre, sería carbeleño?- les pregunté esperanzado.
-Pues eso sería interesante- empezó Sara dándome esperanza- pero igualmente, fíjate en mi abuelo Romero, lleva tooooda la vida en Carbel, pero no habla ni una palabra del dialecto; por eso, siempre ha sido, y siempre será de Villaconejos de Arriba. Por mucho tiempo que viva aquí y por más que esté casado con la abuela Adela.-
-Es verdad, hasta el alcalde lo decretó en la última ley de censo municipal.-
-Mira, Guille, requisito imprescindible...-

No volví a hablar en toda la noche, y quedé con aire apenado. Muy apenado. Me habían echado de su lado, me habían denegado un sentimiento. Puesto que ¿Qué es el nacionalismo sino un sentimiento? Eso decían los europeos del siglo XIX cuando revindicaban la formación de naciones importantes como Alemania o Italia, un sentimiento puro y duro que les unía a todos. Un amor a un territorio, a unas costumbres y a un idioma. ¿No contaba para nada que mi familia, mis orígenes estuvieran en Carbel? ¿El esfuerzo por aprender el idioma no importaba si no se llegaba nunca a dominar? El suelo desapareció bajo mis pies esa noche, ¿Qué clase de movimiento que instigaba la exclusión estaba promoviendo el alcalde con su legislación? Porque si bien hay muchos males en el mundo, el pecho se desgarra y no sana jamás cuando uno se convierte en un "sin tierra". Y eso me habían hecho a mí, me excluían de Carbel, me arrancaban de mis raíces y me denegaban un sentimiento.

Llegó a tal extremo la vanidad de mis bienamados carbeleños, que llegado el momento, el pueblo no quiso saber nada más del mundo exterior; se llevó a cabo un proceso de independencia y prosiguieron con sus vidas, aparentemente más contentos. Dos días después de la proclamación de la República de Carbel, llegó una carta oficial a mi casa con la firma del alcalde: se me concederían -si así era mi deseo- un pasaporte y la doble nacionalidad. Mas con el alma sangrando nostalgia y desengaño rompí la carta, ¿para qué quería lo que me pertenecía por derecho, si jamás lo reconocerían quienes más me importaban?

miércoles, 18 de abril de 2012

Otro banquero

¡Pues no! ¡Os digo que no seré otra banquera más! Claro, que uno puede llegar a corromperse por el camino... pero esa no es mi idea. ¿No se puede creer en la integridad de la persona? Parece que ni en el ámbito amoroso nadie cree en lo duradero... y no hablemos de ideales, visto lo visto.

Me apetece ver una catedral (me sirve la de Burgos, aunque ahora que lo pienso no tiene que ser una catedral... arquitectura, lo que sea que despierte los sentidos. Hay mucha gente no parece tener la capacidad de apreciar el arte de esa forma). También podría ser algo de Goya, pasando a la pintura. Y que duela la belleza: sufrir el mal de Stenhal mientras miro al "Pelele" o al retrato de Jovellanos...  ¡Pobrecillo! Él sí que tiene pinta de estar pensando en cómo narices solucionar las cosas. Ellos estaban tan mal como nosotros, pero hace muchos años.

El caso es que no, yo no me metí en estas carreras para ser una niña de papá. Tampoco fue porque no sabía qué hacer con mi vida, y reconozco que me apetece ponerme un puño americano y estampárselo en la cara a todo el que me diga todo esto (y otras cosas). A mí me gustaban los mercados, me fascinaba su funcionamiento, y mi mayor aspiración era conocerlos a fondo... para cambiarlos.

Si, un pensamiento muy naive, inocentón. ¿Pero qué le vamos a hacer? Quiero pensar que no acabaré en alguna sucursal de alguna empresa capitalista agresiva... (Nótese que digo "acabar", es decir, para cambiar la situación actual es preciso conocerla, y por lo tanto me permito la licencia de confraternizar con el enemigo... por un tiempo)

En fin, sería agradable acabar siendo divulgadora económica... alguna eminencia que supiera cómo solucionar los males de la economía global y que hallara la clave para eliminar los desequilibrios mundiales (entre individuos y a lo largo del tiempo)... sí, sí, sí, sería muy bonito y claramente gratificante. Pero creo que me conformo con encaminarme hacia esa utopía y mientras tanto, hacer de mi "micro-cosmos" particular un sitio mejor.

jueves, 23 de febrero de 2012

La regla del 100%

Cuando de la vida tangible se trata, no hay opciones. Nadie es perfecto, los hay que se esfuerzan y que ponen todo su empeño en ello, y los hay que hasta se acercan, pero nadie consigue alcanzar plenamente ese objetivo. Tenemos muchos ámbitos en nuestra vida:

  • Familia
  • Responsabilidades a largo (estudios, trabajo...) y a corto plazo 
  • Amistades
  • Hobbies

Estos son sólo unos vagos ejemplos. Por supuesto, damos cabida a un sinfín de cuestiones y todas se podrían desarrollar con todo lujo de detalles en un complejo diagrama de árbol... pero esa no es la cuestión.

Se podría afirmar que la perfección consistiría en llevar bien todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida. "Bien global" O al menos, conseguir que vayan bien en tanto en cuanto que somos responsables directos de aquello que nos ocurre (no tenemos potestad frente al azar o la suerte). Para ello, necesitaríamos tiempo y energía. En grandes cantidades.

No se puede. Siempre habrá algún ámbito con el que no estemos satisfechos, siempre habrá algo que nos dejemos en el tintero... Nunca rendimos al 100%, y si lo hacemos, nunca duramos mucho tiempo.

Así pues, sólo nos queda formular una serie de directrices a seguir con la máxima rigurosidad -humana- posible y esperar el resultado.

Prioridad, eficiencia y humanidad.

martes, 24 de enero de 2012

A los caballeros esos

No sé si alguno leeréis esto, y si lo hacéis, seguramente pensareis que me estoy metiendo donde no me llaman... ¿pero qué le vamos a hacer? Son divagaciones que aparecen a altas horas de la noche y sin avisar, y lo único que puedo hacer yo es escribir y ponerlas un poco en orden.

Seamos francos, no os conozco, y vosotros a mí tampoco (bueno, vuestro líder y su mejor amigo quizá un poco más, pero tampoco es que nos hayamos sincerado con una botella vacía encima la mesa... aunque ahora que lo pienso sí lo hemos hecho, pero a medias tintas sólo, y no era una mesa, sólo una cama de hotel). Pero algo extraño pasa cuando lees los escritos de otro; parece mentira, pero estoy completamente segura de que metemos nuestra esencia en estas líneas (incluso aquel que se burla de sus propios escritos con intención de cubrirse de una coraza está dando a conocer algo íntimo de su persona). Dejamos nuestro sello. 

Es como si el escritor se desnudara ante su público (a algunos no les cuesta porque tienen las vergüenzas muy bien domesticadas; a otros un poco más, e intentan camuflar sus inquietudes con metáforas e historias inventadas) y eso asusta. Asusta al lector que se sorprende dentro de la mente del autor, y asusta al lector como autor, pues entiende que él también está condenado a desnudarse cada vez que se sienta a crear algo. Porque ¿Qué estoy haciendo yo aquí a la una de la madrugada sino? Pues desnudarme, eso estoy haciendo.

En fin, yo no quería centrarme en esto de la sinceridad, yo quería hablar de otras cosas. Un punto de fascinación tienen ustedes, caballeros. Con toda esa atmósfera esperpéntica, alternativa y... suya. Hay cosas que las ves de lejos y sabes que las quieres; bueno, pues yo quiero eso. Se sabe de qué calaña está hecho cada uno. Y también se sabe qué es profundo, trascendente; el caldo que tiene sustancia huele desde el hueco de la escalera, no hace falta entrar a la cocina y probarlo para saber que es bueno.

He de reconocer que había perdido un poco la esperanza en mi generación, quizá sólo sea que hay poca gente que de a conocer su lado más trascendental, esa faceta que algunos considerarán débil. Me alegro de haberme asomado a la vuestra.

No puedo dar consejos, estoy igual de desubicada que ustedes -aunque parezca que estos escritos sean unas crónicas de Los Mundos de Yupi-. Sólo me queda decirles a aquellos que se torturan que dejen de hacerlo. Aquel que se pregunta y que reflexiona, por perdido que se sienta estará siempre en mejor posición que aquel que no intenta descifrar el sentido de la existencia. 

Porque para eso estamos aquí: para saber por qué estamos aquí.

lunes, 23 de enero de 2012

La vida en el Dam

He ido allá donde los tickets para viajar son comestibles, he paseado por los grandes canales y he sentido la soledad en la multitud. He estado encerrada dentro de mi propio cuerpo y he respirado la calma artificial.

El empedrado de las calles me ha confundido y he creído que las patatas con mayonesa eran una comida saludable. También he perdido la orientación en numerosas ocasiones.

No fue un viaje fácil. Nadie dijo que lo sería. Ni nos conocíamos ni teníamos los mismos planes, pero algo había en común que nos ha dejado convivir... espero que fuera algo más que el humo del local.

En un amago de hotel regentado por chinos pasamos las noches y las siestas: pegados al radiador y a las botellas. Unos más que otros. 


Por mi parte he aprovechado la vida en el Dam: he visto la psicodelia desde fuera, sin absenta ni estimulantes, he admirado "la habitación" y a los "comedores de papas"... pero me queda clavada la espina de no haber entrado a la casa escondida en el tercer canal. Ya volveremos.

Me he reído con ganas por la historia alternativa de Anna F. que algunos se inventaron, y he escuchado monólogos trepidantes que dejarían desubicado a cualquiera.



Se vive bien en el Dam. Hay casas pegadas las unas a las otras, como si quisieran entrar en calor. La lluvia se ríe de los habitantes de allí y no concede clemencia. Y aunque quedan cosas por hacer, apiladas en los rincones de los canales, las que sí hemos hecho pesan mucho en la balanza y nos dejan marchar a casa en paz.

miércoles, 4 de enero de 2012

El cerebro en su estado más puro

El otro día vino mi sobrino Carlos a casa. Tiene seis años y como soy su madrina, le ofrecí a mi hermano llevármelo a dar una vuelta por Madrid. Quizás debería explicar que mi hermano vive con su familia en un chalet grande a las afueras de la capital, y por eso Carlos piensa que los edificios grandes y los rascacielos sólo están en Estados Unidos. Había que enseñarle un poquito la ciudad.

Fue muy divertido, hacía tiempo que yo no tenía contacto con niños y se me había olvidado hasta mi propia infancia. Fuimos Carlitos y yo por la zona de Sol, conseguimos un globo de Bob Esponja, se montó en el trenecillo que han colocado en la plaza de Callao... 

Pero lo divertido fue subir por la calle Fuencarral hasta mi casa. Veíamos juntos los escaparates de las tiendas, cada cual más arreglado que el anterior. Y de repente, con su gracioso ceceo, Carlos me preguntó:

-Poppy, ¿Ezo ez un zeñor?- Señalaba con su manita al maniquí de una tienda el cuál había sido colocado boca abajo enterrado en un montículo de nieve artificial y del que sólo asomaban las piernas.

-¿Tú qué crees, Carlos? Porque a mí me parece que sí.- Le dije en un tono concienciado.

Me miró el niño con los ojos muy abiertos por el asombro.

-¡Qué nooo! Es broma, hombre...- Y cuando le saqué del error, relajó los músculos de la cara y volvió a sonreír aliviado.

Llegamos a casa y, aunque era un poco tarde, como era un día especial y tenía permiso de sus padres le puse una película. Dio igual: se quedó frito a la mitad.

Y aquí es dónde entra en juego la analítica científica: mi sobrino es bilingüe -su madre es estadounidense- y habla en sueños. Aprovechando que se había quedado dormido, cambié el idioma y lo puse en inglés, y cuál fue mi sorpresa al comprobar que en el momento en que los personajes empezaron a hablar en otro idioma, mi sobrino hizo lo propio en sueños.

El cerebro es fascinante, y los niños muy divertidos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Zip your mouth, if you please

Él era una de esas personas que te miraban por encima del hombro. Pero jamás lo reconocería. Le queríamos mucho y él nos quería también, pero igualmente le encantaba ir de aquí para allá dando su opinión, sin importar si se la habíamos pedido o no. Deambulaba como si él hubiera vivido más experiencias que cualquiera de nosotros, pobres infelices que jamás habíamos pisado otra cosa que no fuera la monótona tierra en la que habíamos nacido. Y aunque era cierto que a veces tenía buenas ideas, era ese brillo ufano lo que le perdía por completo. Lo peor de todo era que los argumentos que tenía muchas veces eran irrefutables, pero no por ello del todo ciertos... o agradables de oír. Parecía disfrutar con sus comentarios.

De todas formas, en el fondo siempre supe que lo hacía porque se sentía perdido. Él era distinto, a su manera. No era más distinto o especial de lo que podíamos ser cualquiera de nosotros. Sólo que a él le gustaba remarcarlo. En contadas ocasiones le dejé irse con la suya, pero más que nada porque me daba un pelín de lástima.

Fausto iba con su pelo rubio repeinado, y con esos chalecos que le quedaban tan bien. Le encantaba salir por la zona antigua de la ciudad y no paraba de idear planes nuevos que el resto aplaudíamos. Arrasaba por doquiera que fuera: hombres y mujeres se giraban cuando pasaba por la calle. Podía haber sido modelo de alguna marca de prestigio, pero él sabía que la imagen de "alma libre" que trataba de proyectar no habría casado bien con aquello.

Pero aquel día ya fue demasiado: le expliqué que habíamos tenido que cerrar el taller y no se le ocurrió otra cosa que soltar otra de las suyas. Me miró tranquilo, abriendo mucho sus ojos negros expresivos y me dijo con su voz calmada: "Pero, cielo, ahora podrás dedicarte a ti misma. Lo sabes, ¿no?"

Yo le sonreí con calma, dejé el café en la mesa de la terracita en la que nos habíamos sentado, me levanté y me di media vuelta sin preocuparme de dejar algo para pagar lo que nos habíamos tomado. Hay cosas que no se dicen, Fausto lo aprendió tarde.

martes, 6 de diciembre de 2011

uptowngirl

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Lynn

Tendría unos 15 años, el momento de ser idealistas, de querer cambiar el mundo, de comenzar a pensar en el futuro... Siempre he estado muy concienciada con el peso de la mujer en la sociedad actual, y para mí nunca fue una opción casarme y dejar de trabajar. Esas cosas se inculcan desde la cuna. Tampoco soy de esas chicas que deciden vivir entorno a su novio. Ni lo quise ni lo fui.

Pero volviendo a esos 15 años: clase de biología, la teoría celular, la endosimbiosis. Lynn Margulis. Fue gracias a mi profesora de biología que apareció este personaje por primera vez en mi vida. Una mujer que llevaba trabajado toda su vida de una manera incansable. No sólo era un ejemplo a seguir por sus descubrimientos o por el interés que despertaban sus teorías en mi... si no porque era mayor, trabajaba y era mujer. (Muchos empezarán a defender la idea de que ya se acabó la era de la desigualdad, que este tipo de predisposiciones sólo conducen a provocar una discriminación positiva -con la que tampoco estoy de acuerdo-, pero yo me limito a decir: aún no se ha conseguido).

Fue en ese momento que se convirtió en mi ídolo, mi ejemplo. Cambié varias veces de idea, y finalmente decidí dedicarme al mundo de las finanzas y la economía, y adopté la idea (con mucha humildad, y sabiendo que debía ser tomada una utopía) de ser una Lynn Margulis... en económicas.

Estando este personaje en la cumbre de mis consideraciones, fui a verla a una conferencia. Avatares de la vida, meras coincidencias. La mejor conferencia a la que he asistido hasta el momento. Margulis quiso dar su charla en castellano (pese a que no era su lengua materna), pero la comisión organizativa no se lo permitió, y con un acento muy gracioso nos pidió disculpas a todos.

Es curioso, la gente admira a cantantes, famosos, actores y demás personajes públicos... A mí me gustan los científicos.

Ya intenté hace unos días dedicarle 140 caractéres al fallecimiento de Margulis. Una tarea demasiado arriesgada, y por eso me extiendo aquí. Una pena recorre el espinazo cuando la noticia llega a los oídos. Se recuerdan los ideales que habían quedado enterrados hacía ya un tiempo. Y se mira al frente deseando no olvidar porqué estoy donde estoy. Esperando una señal.

Echaré de menos tu ejemplo.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Sentir la realidad a flor de piel

Está por todas partes, se respira. No es que las bajas temperaturas hayan llegado de una vez (pensé que nunca lo harían), es algo más grande que todo eso. Tampoco es que la castañera de mi barrio haya vuelto a montar su tenderete (lo cual me recuerda que debería ir a por castañas en cuanto pueda). Elecciones.

Hay algo así como varios grupos de personas: las que tienen la ilusión de los primeros votos, y con ellos aspiran  a cambiar el mundo; las que se mantienen impasibles frente a la situación, porque siempre lo han estado y las desengañadas del mundo, que votarán (o se abstendrán) como acto rutinario.

No soy activista, no soy tampoco nada del otro mundo, ni una idealista aguerrida... ¡Ójala lo fuera! Idealismo moderado, diría yo. O con la sangre muy tierna como para no hacer nada. Flexibilidad rígida.

En fin, rumiaré las ideas hasta ese fatídico día, y para entonces espero tener la respuesta a los problemas del mundo, o, al menos, aquella solución particular -acorde con mi tendencia- que mi cabeza lleva intentando alcanzar desde antes de que el censo electoral llegó a casa.

lunes, 19 de septiembre de 2011

MONOGRAFÍA: LA CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN EN PLATÓN Y FOUCAULT (conclusiones y bibliografía)

CONCLUSIONES
Tras este análisis de las dos tendencias estudiadas, podemos observar que en líneas generales, el pensamiento de Platón y el de Foucault constituyen dos propuestas muy distintas, pero que comparten ciertos detalles más particulares.
Las grandes diferencias encontradas son, en primer lugar, las consecuencias que tiene la educación para el individuo: Platón asegura que se trata de una liberación en sí misma (pese a que respalda cierto control sobre el proceso de aprendizaje del alumno) que consigue que el individuo tenga recursos propios con los que desenvolverse más fácilmente en el mundo, mientras que Foucault alega que la educación (o más bien las instituciones en las que se imparte la enseñanza) implican una alienación del alumno, el cual se ve sometido a una observación y a un control rigurosos que no dan pie a que sea una persona libre e independiente. Otra diferencia entre las ideas de los dos filósofos es el objetivo que tienen al estudiar la educación: si bien Platón está interesado en dar los patrones a seguir para establecer la educación perfecta para un Estado ideal; Foucault por el contrario, analiza el tipo de educación ya existente y lo critica sacando los principales defectos (como esa alienación de alumnos subyugados al poder de los maestros y del sistema), pero sin dar alternativas posibles. Dando un paso más, podemos afirmar que el sistema de educación criticado por Foucault es en verdad el modelo planteado por Platón 2500 años antes y desarrollado por una sociedad guiada por pensadores posteriores. Aquí puede surgir una posible investigación futura: ¿El análisis de Foucault no alberga ninguna propuesta? ¿Cuáles son los ideales que maneja su crítica de la educación real?
Se pueden encontrar, a su vez, varias similitudes entre los dos pensamientos que vienen derivadas de las reflexiones anteriores. En primer lugar ambos autores tienen en cuenta el control que se puede dar sobre los individuos que van a ser educados, Platón lo respalda con el fin de no dejar que estas personas se pierdan en el camino del vicio y, por consiguiente, que no lleguen a ser el tipo de sujetos que se persigue; Foucault, en cambio, critica este control sobre los alumnos porque piensa que les afecta negativamente y que impide su pleno desarrollo como personas independientes. Y por último, ambos filósofos conciben la educación como algo fundamental en cualquier sistema, puesto que gracias a ella se pueden sostener las estructuras sociales y políticas, compuestas, en última instancia, por individuos. En consecuencia, si controlas y determinas a los individuos uno por uno, controlarás y determinarás también a la sociedad en su conjunto.
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA

FOUCAULT, M. “Las redes del poder” Traducción del francés al portugués de Ubirajara Reboucas, Traducción del portugués al castellano de Helosia Primavera, Ed. Almagesto, Colección mínima, 1991.
FOUCAULT, M. “Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones” Ed. Alianza, 2001.
PLATÓN, “La República o el Estado” Traducción de Patricio de Azcárate, Ed. Espasa-Calpe, 2006.
STRATHERN, P. “Foucault en 90 minutos” Traducción de José A. Padilla Villate, Ed. Siglo XXI, 2002 (octubre).
SAUQUILLO, J. “Para leer a Foucault” Ed. Alianza, 2001.