lunes, 19 de septiembre de 2011

MONOGRAFÍA: LA CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN EN PLATÓN Y FOUCAULT (introducción)

INTRODUCCIÓN
El objetivo de este trabajo es analizar cuál es la concepción que tienen Platón y Michel Foucault acerca de la educación. Estos dos filósofos, ambos europeos pero separados en el tiempo cerca de 2500 años tratan en su obra el tema de la educación desde perspectivas muy distintas.
La importancia de este estudio en parte radica en lo diferentes que son los autores: si bien Platón vivió en la Grecia clásica del siglo V a. C.; Foucault, expresó sus ideas en la Francia del siglo pasado. Llama mucho la atención, la manera tan particular que tiene cada uno de los dos filósofos de enfocar el tema: Platón relaciona la educación con la antropología, con la metafísica y el saber universal; y Foucault trata la misma cuestión desde un punto de vista más sociológico (relacionándola con el poder), atacando y buscando defectos del sistema establecido en el momento. Se debe remarcar también que los dos autores han constituído una base para sus sucesores: Platón ha pasado a la Historia como uno de los primeros pensadores e intelectuales del mundo occidental y Foucault, de una manera más modesta, ha ejercido también una gran influencia en corrientes y estudios más recientes. Aunque ambos filósofos le dan mucha importancia a este tema y es interesante observar sus diferencias y los puntos comunes que comparten, también cabe remarcar que el estudio de Platón abarca la mayoría de campos de la Filosofía, mientras que gran parte de la obra del filósofo francés se centra el la política. Las obras que se emplearán para este estudio serán “La República o el Estado” de Platón y “Las redes del poder” de Foucault.
Por otra parte, considero que este estudio también es trascendente porque el tema a analizar, la educación, constituye un elemento imprescindible en toda sociedad. La política está además muy ligada a la educación; estamos hablando de la formación de aquellos individuos que en un futuro constituirán el motor de la sociedad en cuestión; por eso dependiendo de qué tipo de sistema se desee tener, la educación de los individuos se llevará a cabo de una forma u otra; y viceversa, también podemos determinar que, en función de los individuos que queramos formar, la sociedad será de una manera concreta o de otra completamente distinta.
El cuerpo del trabajo se divide en tres partes: para comenzar, se trata la postura de ambos filósofos con respecto a lo que significa la educación para el individuo particular. Platón afirma que se trata de una liberación, puesto que el conocimiento hace que el hombre quede desligado de las convenciones de los ignorantes y llegue a un nivel de experiencia superior; y Foucault alega que el individuo pierde su libertad al quedar sometido a los rigurosos controles establecidos por las instituciones educativas. La segunda parte hace referencia a la intención de los autores al tratar el tema de la educación: así como Platón está realizando un proyecto de Estado ideal en el que se tiene muy en cuenta la educación de los individuos que participan en él, Foucault realiza una crítica a un sistema ya existente (el propio de la Europa del siglo XX) lo relaciona con la política, y en concreto con los grupos que ejercen el poder. Y en la última parte, íntimamente relacionada con la anterior, se trata la idea que comparten ambos filósofos de que la educación sirve para mantener un sistema político. Platón emplea esta premisa para construír su modelo de sociedad perfecta, y Foucault denuncia el control de la educación por parte de unos pocos que logran así mantener su situación de poder sobre el resto de la sociedad.

MONOGRAFÍA: LA CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN EN PLATÓN Y FOUCAULT (resumen)

RESUMEN
El siguiente trabajo tiene como objetivo analizar la concepción de la educación en “La República o el Estado” de Platón y en “Las Redes del Poder” de Michel Foucault. La importancia del trabajo reside en parte en la trascendencia de los dos filósofos (Platón, uno de los primeros intelectuales del mundo occidental; y Foucault, un filósofo que de forma algo más modesta ha ejercido también una gran influencia en corrientes posteriores), y en lo vital que resulta este tema para la creación, conservación o destrucción de cualquier sociedad. Por medio de la educación de aquellos individuos que en el futuro constituirán y dirigirán el Estado se puede delimitar también un tipo de estructura social y política.
La cuestión que propongo es cómo tratan el tema de la educación estos dos pensadores tan relevantes. A pesar de estar tan alejados temporal y culturalmente ¿Hay planteamientos similares a su propuesta acerca de la educación? ¿Son sus teorías absolutamente irreconciliables?
Tras analizar las ideas de cada uno se puede observar que a grandes rasgos hablamos de dos propuestas muy distintas, pero que comparten ciertos detalles más particulares. Entre las grandes diferencias podemos destacar las consecuencias que tiene la educación sobre el individuo: según Platón la educación implica una liberación por la cual el hombre puede desenvolverse mejor por sí mismo, mientras que Foucault cree que la educación significa la alienación del individuo provocada por el control excesivo de las instituciones educativas. Otra gran diferencia está constituida por el enfoque con el que los dos filósofos tratan el tema: Platón da las directrices a seguir para alcanzar una educación perfecta con la que construir un Estado ideal; y Michel Foucault tiene como objetivo analizar un sistema educativo vigente en su tiempo (el siglo XX) y realizar una crítica en la que denuncia los problemas del mismo, pero sin dar alternativas posibles. Incluso se puede añadir que la educación que critíca Foucault es el modelo planteado por Platón que ha sido desarrollado por pensadores posteriores. Ambas teorías parten de la misma base: la educación puede ser empleada para mantener un sistema político; y tienen en cuenta el control que se ejerce sobre los educandos, ya sea este respaldado (por Platón) o denunciado (por Foucault).

domingo, 18 de septiembre de 2011

Cenas, como en Madrid

  Tengo muchas ganas de que nos vayamos tú y yo de camping por ahí, a lo cutre. Aunque no será tan cutre porque todo el mundo sabe que los campings de Europa están mucho mejor cuidados que los de aquí. La lista de cosas para hacer es larga, pero apetece todo:

Tengo ganas de que hagamos vivac en la Selva Negra, de que crucemos los puentes de Venecia y de que visitemos juntos Villa Rotonda. Cada uno con sus inquietudes, pero se comparten: el centro de Amsterdam, Vicenza y la catedral de Albi.

Tengo ganas de viajar contigo en avión, de que carguemos con unos cuantos bultos y que llevemos la etiqueta de "turistas" en la frente. Tú mandas en Berlín, pero yo te llevo por Montpellier. También quiero tomar cerveza en una calle empedrada al norte de aquí; quiero que veamos puestas de sol que dejan noqueado al insensible más bruto; quiero pasear, callejear, recorrer avenidas, parques y museos... juntos.

Habremos alquilado unas bicis para ir por Amsterdam, y también por Florencia, y saldrás en mis acuarelas de las tardes de Venecia. Traeremos la maleta llena de carretes usados para revelar, y habré escrito un cuaderno de viaje que contará cómo te tiró aquel señor francés el helado por la cabeza.

Llevaremos gafas de sol, y los trayectos en tren se nos harán cortos. Y nos haremos los locos extranjeros que no se enteran de nada para reírnos un rato. Y por hacer las tonterías a nuestra manera brindaremos con Gintonic en las góndolas.

"¡Levántate ya, que el vuelo sale en tres horas, y a Barajas no se llega en 10 minutos!" No me gusta madrugar, pero sabiendo que el viaje incluye pizzas para cenar sentados en el granito claro de las plazuelas (como aquellas cenas que nos tomamos en Madrid) me levanto.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Cartas baratas

Se ha sentado en su escritorio, tiene los sobres abiertos, los papeles desperdigados y bolígrafos por todas partes. Nota la emoción de estar haciendo algo distinto, pero a la vez, parece que estuviera rememorando cosas de un pasado no tan lejano. Y por la ventana se ve la sombra del Madrid que le dice adiós al verano. Todavía hace calor, y los toldos amarillos están bajados, por lo que la habitación tiene una luz mágica...

Y sabe perfectamente como empezar la carta y sabe también cuánta ilusión le hará recibirla. Se esmera en la letra, aunque eso sea lo de menos. Ha puesto música bajita para evocar momentos y recordarla. Sonríe para sí y cierra el sobre.

Coje sus cosas y sale por la puerta, no sin antes ir por el dormitorio y pasar un rato mirándola sin que ella se despierte. Baja las escaleras y busca los buzones. ¡Qué alegría comentar la tontería a la hora de la cena!

jueves, 8 de septiembre de 2011

Bulevar

Lo echo de menos. Hay que confesarlo: ese bulevar era la inspiración, daba igual la estación del año, la temperatura, el tiempo o la gente que hubiera alrededor... Todas las mañanas, como mínimo una vez tenía que pasar por allí, y era un momento de ir con los oídos taponados por los auriculares y con las manos en los bolsillos (en caso de llevar bolsillos) sin pensar en nada... o en todo a la vez.

Llegaría a casa y pensaría en el paseo del día, pondría las ideas sobre la mesa y después escribiría acorde con ellas. Ya no hay paseo, ni ideas, ni escritos que leer después de un tiempo.

¡¡No me sirve el cercanías que pasa por el sur de mi ciudad!! ¡¡No me sirve el metro resguardado de la luz y de la lluvia!! ¡No quiero dos horas de lectura todos los días! ¡Y no quiero perder las ideas por el camino!
Ni siquiera cuento con un paisaje que despierte nada: almacenes, cables, vías y edificios feos por detrás (¿Qué se espera de mí? ¿Una sinfonía de metal, inhumana?). Si al menos fuera un rodalies que yo me sé... tendría el mar y las fachadas art decó y modernistas que un día se plantaron con argamasa.

Pero no es cuestión de paisaje tampoco. Yo quiero seguir con mi rutina, mi privilegio de vivir al lado de todo y de todos. Y paradójicamente, pese a que vives tan lejos, tú no has cambiado mucho tu rutina. Y a mí sólo me queda irte a ver a la salida para poder pasear por ahí. Echo de menos mis paseos por la Castellana.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Generación espontánea de Ni-nis

Digamos que hace una semana, más o menos, me enteré de que el día 2 de septiembre tenía mi primera presentación del año en la universidad. Me preguntaron mis padres que si creía necesario que vinieran conmigo "Bueno, ya sabes que seis ojos ven más que dos" y les dije que no. Se supone que es una nueva etapa y, particularmente quería responsabilizarme yo del asunto. Desde el principio (que para algo ya me dediqué a comerme en su momento el marrón de hacer la matrícula en pleno julio).

El caso es que pensando que la mayoría de los asistentes actuarían como yo, llegué el día 2 de septiembre a Getafe. Y no fué así. De hecho, ocurrió todo lo contrario a lo esperado y fui de las pocas personas que fue por su cuenta. Tampoco era nada malo, sólo me sorprendió (es cierto que era un evento al que podían asistir los padres, así que no era nada del otro mundo).

El problema fue cuando al día siguiente, 3 de septiembre, me encuentro en otra presentación de la universidad (esta vez en Leganés, acerca de métodos para sacarle más provecho y rendimiento al estudio -completa pérdida de tiempo) y se repite el mismo patrón. Pero no sólo eso, si no que además el exponente de la charla comentó que era de agradecer la presencia de tantos padres en la sala, que no se podía esperar tal grado de implicación y compromiso por parte de todos los padres pero que aún así era una gran satisfacción. ¿Qué era esto? Y aquí es dónde me paro a analizar la independecia y el grado de autoridad y responsabilidad que he tenido con respecto a mi educación a lo largo de toda mi vida:

-La guardería (mejor no lo comentemos, ¿verdad?)
-El colegio: hasta el bachillerato fui a un colegio pequeño en el que no había separación entre primaria y la ESO; supongo que por eso, y por el hecho de que todo el personal del colegio conocía a los padres de cada alumno casi individualmente, la libertad y la responsablidad que teníamos no era muy amplia.
-Bachillerato: un pequeño cambio -paso a un instituto mucho más grande en el que ya empiezan a exigir a los propios alumnos algo más que sólo ir a clase. Es cierto que si quieres, tienes la posiblidad de saltarte clases, pero también te tienes que solucionar tú solito los problemas, y no van a estar papá y mamá detrás para ir a hablar con el profesor de turno cada dos por tres.

Y ahora tocaba la universidad. Mi idea era que mis padres no se involucraran más que para asuntos de gravedad en los que yo no tuviera nada que hacer. Pero por lo visto, el hecho de que vaya yo por mi cuenta y tome notas de lo que se dice en las presentaciones quiere decir que mis padres no están comprometidos con mi educación. ¡Gracias, vicerrector! Puede que, llevado al extremo, esto sea la causa de que las nuevas generaciones no aspiren a mucho, ni decidan marcharse de casa, ni estudiar para luego ser de provecho en algún lado... ¿Es culpa de los jóvenes que no nacen con el instinto de ir más allá -entre los que me identifico con toda seguridad (y vergüenza), o es de los padres que no les saben presionar para ayudar a despertar ese instinto?

En fin, no creo que haya generación espontánea de ni-nis, pero tampoco puedo explicar los motivos de su existencia, sólo puedo desear no llegar a ser una. Trataré de sacar provecho de esto de la manera que considere yo más apropiada.

Sólo pido una cosa: Querido vicerrector, ¿Le importaría no ensalzar el comportamiento de algunas personas prejuzgando (erróneamente) de la de otras?

jueves, 1 de septiembre de 2011

Canción

Soy capitán (soy capitán)
de un barco inglés (de un barco inglés)
y en cada puerto tengo una mujer.

La rubia es (la rubia es)
sensacional (sensacional)
y la morena tampoco está mal.

Si alguna vez (si alguna vez)
me he de casar (me he de casar)
me casaré con la que me guste más.